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Muiscas?

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Muisca (muyska: gente) es la etnia indígena que habitó el Altiplano Cundiboyacense, desde el siglo VI a. C. hasta la conquista española en el siglo XVI, miles de cuyos descendientes directos aún viven en localidades del distrito de Bogotá como Suba y Bosa, y en municipios vecinos como Cota, Chía y Sesquilé. Y cuyos descendientes mestizos conforman gran parte de la población colombiana actual que habita la cordillera oriental.

El idioma muisca (muyskkubun) era parte de la familia lingüística chibcha.[1] Cultivaban maíz, papa, quinua y algodón, entre otros. Excelentes orfebres, practicaban el trueque de mantas, sal, cerámicas, coca y esmeraldas con los cacicazgos de riberas del río Magdalena (anapoimas, tocaimas, colimas, panches).

Organización sociopolítica

La Confederación Muisca era la forma político-administrativa que se conformaba en el momento de la llegada de los conquistadores en 1537. La conformación presupuso el predominio de los psihiqua,[2] jefes o caciques, dentro de cada comunidad. El origen y parte de la explicación de unidades políticas que trascendían la comunidad debe buscarse en los lazos de parentesco, como los que existían entre los caciques de Bacatá y Chía, Tunja y Ramiriquí o Duitama y Tobasía.[3] Aunque la necesidad de unirse para ejecutar obras o comerciar o de aliarse temporalmente durante las guerras, haya desempeñado también un papel en la articulación confederal, entre los muiscas la tendencia preponderante llegó a ser la sujeción de las comunidades más débiles por las más fuertes, por medios militares.[4]

El cacique dominante dentro de una confederación respetaba el gobierno autónomo de los caciques subordinados y mantenía la territorialidad de las respectivas comunidades, pero se convertía en el máximo jefe militar y además el detentador final y principal beneficiario de un sistema de tributos comunitarios que ha sido documentado.[5] Operaba una superposición de estructuras de caciques y comunidades dominantes, subdominantes y dominados,[6] a la que le correspondían caciques de jerarquía diferente, que los españoles denominaron «señores», «caciques» (uzake, eran convocados a los consejos), «capitanes» (sybintiba) y «capitanes menores» (utatiba).[7] Se heredaba el cargo por línea materna.[8]

Las confederaciones hermanas, ubicadas en el Altiplano Cundiboyacense, área central de la Cordillera Oriental de los Andes colombianos, comprendían un territorio de aproximadamente 46.972 km2 (área un poco mayor que la de Suiza: 41.285 km2), desde el norte de Boyacá hasta el Páramo de Sumapaz, y desde las cimas hasta las faldas de la cordillera en la Cundinamarca oriental, limitando con los Panches y Pijaos, tenía una población de aproximadamente un millón de habitantes. Pero el área de influencia de la cultura muisca es mayor, comprendiendo parte de Centroamérica.

Las confederaciones conservan la soberanía, luego es inexacto hablar de un «planeta chibcha» y mucho menos de un imperio chibcha. No fue un reino porque no existía un monarca absoluto y no fue un imperio porque los muiscas no sometieron pueblos no muiscas a su régimen político. En este sentido las confederaciones chibchas no pueden ser comparadas al Imperio azteca o al Imperio inca que le eran contemporáneos. La importancia política de la Confederación Muisca es que fue la más grande y la más organizada confederación de tribus del continente. Cada comunidad estaba regida por su jefe o cacique, tenía su autonomía y se sentían parte de su confederación.

Los muiscas no trataron de agregar a esas confederaciones a otras etnias, sino que sus jefes se batían entre ellos para unirse entorno al vencedor.[9] La confederación, además de ser entre tribus hermanas, de la misma cultura e idioma, garantizaba el trueque y la defensa común ante enemigos externos. Por esta razón el ejército dependía directamente del máximo jefe de la confederación (Zipa o Zaque) conformado por los güechas, los tradicionales guerreros muiscas.

Gobernantes muiscas

Al llegar los europeos, había dos confederaciones principales, la de Hunza (hoy Tunja), cuyo soberano era el Zaque y la de Bacatá cuyo soberano era el Zipa.[10] Ambas confederaciones tenían relaciones políticas estrechas dada la afinidad étnica y cultural, pero mantenían rivalidad. Además de Bacatá y Hunza, los cronistas refieren la existencia independiente de las confederaciones de Duitama (Tundama), y Sogamoso (cuyo jefe era el Iraca).[11]

  • Territorio del Zipa (Dividido en cuatro partes):
  • 1. Cacicazgo de Bacatá: Funza, Tenjo, Subachoque, Facatativá, Tabio, Cota, Chía, Cajicá, Zipaquirá, Nemocón, Engativá, Bosa, Soacha y Zipacón.
  • 2. Cacicazgo de Guatavita: Guatavita, Sesquilé, Guasca, Sopó, Usaquén, Tuna, Suba, Teusacá, Gachetá, Chocontá y Suesca entre otras.
  • 3. Cacicazgo de Ubaque: Ubaque, Choachí, Chipaque, Cáqueza, Usme
  • 4. Cacicazgos de Fusagasugá: Fusagasugá, Pasca y Tibacuy.
  • 5. Cacicazgos de Ubaté: Ubaté, Cucunubá, Simijaca, y Susa.
    • Territorio del Zaque: Hunza, Ramiriquí, Machetá, Moniquirá, Tenza, Sutatenza, Somondoco, Soratá, Tibirita, Lenguazaque y Turmequé.
    • Territorio del Tundama: Duitama, Tobasía, Paipa, Cerinza, Ocavita, Onzaga, Soatá, Ibacucu, Sativa y Tibaná, entre otras.
    • Territorio del Iraca: Sogamoso, Bombaza, Busbanzá, Chipatá, Pesca, Pisba, Tópaga, Toca entre otras.
    • Cacicazgos autónomos: Saboyá, Charalá, Chipatá y Saquencipa, Tacasquira, Tinjacá, entre otros. La confederación de Guanentá,[12] pertenecía a los guanes, y la de Cocuy[13] a los tunebos, pueblos ambos de lenguas chibchas, pero independientes.

La legislación muisca estaba basada en la consuetúdine, es decir, en la fuerza de la tradición. Un determinado comportamiento más o menos aceptado por el común y aprobado por la máxima autoridad (zipa o zaque), era tenida por todos como fuerza de ley. En tal sentido dicha manera de legislar corresponde naturalmente al modo organizativo de una confederación y de esta manera la normatividad muisca tenía un admirable nivel administrativo. Los recursos naturales no podían ser privatizados. Bosques, lagunas, páramos, ríos y recursos naturales en general pertenecían al bien de todos.

Economía

La Confederación chibcha explotaba los siguientes productos minerales:

  • Esmeraldas: aún hoy Colombia es el primer productor mundial de esmeraldas y son tenidas entre las más preciadas del planeta. Éstas vienen del territorio que constituía la Confederación chibcha.
  • Las minas de cobre.
  • Carbón: tanto vegetal como mineral. Hoy todavía se siguen explotando minas de carbón, por ejemplo en Zipaquirá, y en este producto Colombia es una de las principales reservas mundiales.[14]
  • Sal: las minas de sal de Nemocón, Zipaquirá y Tausa.
  • Oro: el oro era importado y llegó a ser tan abundante que fue material principal para la artesanía muisca (orfebrería) con fines religiosos. Este material dentro del territorio de la Confederación más la tradición de Guatavita crearían el mito de El Dorado.

Era una sociedad agrícola que tenía un complejo sistema de regadíos. Otras actividades económicas fundamentales eran la orfebrería y la cerámica. Se conservan piezas únicas del arte precolombino muisca de figuras de extraordinaria fineza.

De manera muy especial hay que mencionar la producción textil muisca. Al respecto dice Paul Bahn que las culturas andinas dominaron todas las técnicas de tejido y decoración y ya para el 3000 a. C. habían desarrollado los textiles de algodón y producían tejidos de extraordinaria delicadeza superiores en muchos casos a los contemporáneos.[15] La arqueóloga Sylvia Broadbent —quien estudió tejidos pintados de algodón—, concluye que las técnicas de los muiscas eran complejas para producir telas de una sola pieza con innumerables entretejidos y una capacidad de resistir el tiempo.

El mercado era sitio obligado de la economía de las comunidades, que practicaban la compra-venta y aún más el trueque. Allí se cambiaban productos de primera necesidad como el maíz, la sal, miel, frutas, granos y mantas e incluso artículos de lujo como plumas de pájaro, cobre, algodón, coca y caracoles marinos importados desde el territorio tayronas. Bacatá, Chocontá Pacho y Hunza tenían los más grandes mercados de todo el territorio. La moneda general eran unos «tejuelos» redondos de oro, aunque esmeraldas, sal, coca y mantas de algodón también fueron usadas como equivalentes monetarios o para facilitar el trueque.

Idioma

El chibchano, muysca cubun o muisk kubun, pertenece a la familia lingüística chibcha[1] que se extendió por varias regiones de Centroamérica y el norte de Suramérica. Los tayrona y los U'wa, que pertenecen a la misma familia muisca, hablan un idioma relacionado, lo que permitió que los tres pueblos establecieran fuertes nexos de intercambio económico y espiritual. Muchas de las palabras muiscas entraron a formar parte del castellano colombiano así:

  • Nombres geográficos: se conservaron los nombres de poblaciones y localidades. En muchas ocasiones los conquistadores nominaban una fundación española con un nombre castellano y otro muisca (por ejemplo Santafé de Bogotá). La toponimia de los municipios de los departamentos de Boyacá y Cundinamarca, en su mayoría provienen del muisca: Bogotá, Sogamoso, Zipaquirá, Chía, Soacha, Bojacá, Bosa, entre muchos otros. También la palabra chucua para designar un pantano.
  • Nombres naturales: la curuba y la uchuva, por ejemplo, son frutas.
  • Relaciones: al hijo menor se le dice cuba, a una muchacha se le dice china, muysca significa ‘gente’.

Cultura

Los muiscas constituían y constituyen una sociedad agrocerámica y manufacturera perteneciente a la región andina del norte de Suramérica. La manera de organización política ya descrita los hacía una unidad cultural compacta y disciplinada. Los aportes de los muiscas a la identidad nacional colombiana hoy son incuestionables, más aún porque la Confederación chibcha no era otra cosa que la máxima representación político-organizativa de una cultura y una familia linguística mayor. El estudio de la cultura muisca es motivo de permanente investigación y ello contribuye en parte a entender la identidad del colombiano.

Religión

Los sacerdotes se formaban desde la infancia y eran los responsables de dirigir las principales ceremonias religiosas. Nadie más que los sacerdotes podía entrar al interior del templo. La religión muisca contemplaba los sacrificios humanos, pero es probable que a la llegada de los españoles estos hubieran desaparecido tiempo antes y los relatos de sacrificios humanos entre los muiscas sean historias transmitidas por tradición oral, pues no existe un testimonio de primera mano que mencione un sacrificio humano contemporáneo a la presencia de los españoles. En todo caso las fuentes coinciden en que cada familia debía ofrecer un hijo a los sacerdotes, el cual era criado por ellos como persona sagrada y a los 15 años era sacrificado a Xue, lo que constituía un honor para la familia y para la víctima. Junto a las actividades religiosas, los sacerdotes participaban de la vida de la comunidad con recomendaciones acerca de la agricultura o mediando en casos de conflicto entre los líderes políticos.

Culto solar

Si bien no era un calendario muy preciso, los muiscas conocían el solsticio de verano (el día más largo del año, que cae en el 21 de junio). Esa era la fecha indicada para rendir culto a Xue (el dios Sol). El templo de Sue estaba en Sogamoso, la ciudad sagrada del sol y sede del iraca (sacerdote). De ese culto viene el nombre de la ciudad: Suamox o Sugamuxi. Una procesión de la corte del zipa se dirigía al Templo del Sol y el día era motivo de gran fiesta y alegría entre el pueblo quienes se pintaban el cuerpo y se embriagaban con chicha. Se hacían ofrendas a Sue para pedir por la bendición de las cosechas anuales. También era el único día en el cual la gente podía ver al zipa.

Mitología

La mitología muisca estaba muy bien documentada gracias a que el territorio de la Confederación muisca fue escogido como sede de la administración colonial en una nueva unidad administrativa de un territorio más vasto conocido como Nuevo Reino de Granada. Ese factor permitió que los más destacados cronistas se establecieran en Bogotá y recopilaran mucha información de primera mano.

  • Sue (El Sol): era el padre del partenón muisca y su templo estaba en Sugamuxi o Suamox (Sogamoso), ciudad sagrada del sol. Era este el dios más venerado, especialmente por los súbditos del Zaque que se consideraban hijos de Xue y que le rendian culto a base de sacrificios humanos muy sangrientos y del consumo de ojos de niños, los cuales eran extraidos en el momento mismo del ritual.
  • Chía (La Luna): su templo estaba en lo que hoy conocemos como el municipio de Chía y era venerada especialmente por los súbditos del zipa, que se consideraban sus descendientes.
  • Bochica: este misterioso personaje no era propiamente un dios, pero era digno de gran veneración. Como sucede con seres mitológicos de otros pueblos, quizá se trate de un antiguo jefe o héroe inmortalizado en los relatos que protagoniza. Dice de él el relato que en la sabana, vivían los muiscas, pero se habían cansado de las inundaciones, que podían ser causadas o por Huitaca, la hermosa y malvada mujer, o Chibchacum (el protector de los agricultores). Entonces, del cielo salió un arcoiris, y de él bajó un hombre blanco, con barbas blancas y túnica. Éste dijo llamarse Bochica y les enseñó a tejer. Bochica escuchó las quejas de los muiscas sobre las inundaciones, y con su bastón de oro partió dos piedras al borde del precipicio donde terminaba la sabana y salió toda el agua, creándose el salto de Tequendama. Bochica castigó a Huitaca y Chibchacum. A la primera la convirta en lechuza, y obligándola a cargar el cielo. A Chibchacum, lo obligó a cargar la tierra, y cada vez que se la cambia de hombro, la tierra tiembla.[cita requerida] Se creía que los zipas eran descendientes de la luna (Chía) y los Zaques del sol (Xue).
  • Bachué: la madre de los muiscas. Dice de ella el relato que un día, de la laguna de Iguaque, salió una mujer esbelta y bella, con un niño en sus brazos. Ella (Bachué), se sentó a la orilla de la laguna y esperó hasta que su hijo creciera. Cuando este alcanzó la edad suficiente, se casaron y tuvieron muchos hijos, siendo estos hijos los muiscas. Bachué les enseñó a cazar, cultivar, respetar las leyes y adorar a los dioses. Bachué fue tan buena, que los mismos muiscas se referían a ella también como Furachoque (‘mujer buena’, en chibcha). Cuando ya eran muy viejos, Bachué y su Hijo-Esposo decidieron volver a Iguaque y se convirtieron en serpientes sumergiéndose en el lago. Ese día los muiscas, a pesar de su tristeza sabían que Bachué, su madre, era feliz. De la leyenda existen otras versiones. Por ejemplo aquella que dice que después de sumergirse en Iguaque, Bachué asciende al cielo para converirse en Chía, mientras que en otros versiones Chía es una diosa diferente de Bachué.

El Dorado

El Dorado era un lugar mítico en la parte central de la Nueva Granada (hoy Colombia). Se suponía que tenía grandes reservas de oro. A partir de este mito se han desarrollado historias como en la película de dibujos animados The Road to El Dorado (La ruta hacia El Dorado) producida por Bonne Radford. En ella dos aventureros españoles se embarcan en la misión de encontrar la Ciudad de Oro. La película mezcla elementos de las culturas Azteca, Mayas e Incas, e incluso representa a Hernán Cortés, conquistador de México. La misma fue un éxito mundial, salvo que descontextualiza completamente el origen de la leyenda. El Dorado tiene como origen la Confederación chibcha y la misma nace de la antigua tradición del zipa de ofrendar dones a la diosa Guatavita en la laguna del mismo nombre. Dicen los relatos que el zipa se cubría completamente de oro. Esa tradición que fue conocida por pueblos circunvecinos a los muiscas, atrajo muy especialmente a los españoles que atravesaron las selvas colombianas y venezolanas en búsqueda de una Ciudad de Oro con tesoros fabulosos. De esta leyenda y su legitimo origen colombiano, viene el nombre de Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá.

Arquitectura

Los muiscas construían sus casas utilizando como principal material la caña y el barro para hacer las tapias llamadas bahareque. Las casas comunes eran de dos formas: unas cónicas y otras rectangulares. Las primeras consistían en una pared en círculo hecho de palos enterrados como pilares más fuertes sobre los cuales se sostenía de lado y lado un doble entre tejido de cañas cuyo intersticio era tupido de barro. El techo era cónico y cubierto de pajas aseguradas sobre varas la profusión de tales construcciones en forma cónica en la sabana de Bogotá, dio origen a que Gonzalo Jiménez de Quezada le diera a esta altiplanicie el nombre de Valles de los Alcázares. Las construcciones rectangulares consistían en paredes paralelas también de bahareque, como las anteriores, con techo en dos alas en forma rectangular.

Tanto las construcciones cónicas como las rectangulares tenían puertas y ventanas pequeñas. En el interior el mobiliario era sencillo y consistía principalmente en camas hechas también de cañas, llamadas barbacoas, sobre las cuales se tendía una gran profusión de mantas; los asientos eran escasos pues los indígenas solían descansar en cuclillas en el suelo. Además de las casas comunes existían otras dos clases de construcciones: una para los señores principales, probablemente el jefe de la tribu y del clan, y otras para los jefes de las confederaciones chibchas, como los Zaque y los zipas.

Historia

La historia precolombina de los muiscas es en realidad pobre por la pérdida de mucho material que permita una reconstrucción detallada a causa de las guerras de conquista durante el siglo XVI. Todo lo que sabe de los muiscas precolombinos es gracias a la tradición oral, las crónicas de los conquistadores y a las excavaciones arqueológicas adelantadas especialmente después de la Independencia.

Antecedentes

Las excavaciones realizadas en el área del altiplano cundiboyacense dejan evidencias de una gran actividad humana en ese territorio a partir del periodo arcaico, es decir, hace más de 10.000 años, al inicio del Holoceno. Ello terminó una hipótesis tenida como válida durante el siglo XIX que los muiscas habían sido los primeros habitantes del Altiplano. Colombia cuenta además con uno de los yacimientos arqueológicos más antiguos del continente, El Abra cuya edad es datable incluso hasta de hace 13.000 años. Otros vestigios arqueológicos relacionados con El Abra determinan una cultura agrícola denominada abriense. Por ejemplo en Tibitó se encontraron artefactos abrienses datados a partir del 9740 a. C. y en la Sabana de Bogotá, en el abrigo de Tequendama otras herramientas líticas que datan de un milenio más tarde elaboradas por cazadores especializados. Entre los hallazgos más apreciados se encuentran esqueletos humanos completos del 5000 a. C. Los análisis han demostrado que los abrienses eran otra etnia diferente a los muiscas con lo que se termina la hipótesis de que estos ocuparon un territorio vacío.

Poblamiento muisca

En la actualidad los estudiosos coinciden en que el grupo humano muisca inmigró hacia el Altiplano Cundiboyacense en una época comprendida entre el 5500 a. C. y el 1000 a. C., es decir, durante el periodo preclásico por las numerosas evidencias arqueológicas encontradas en sitios como Aguazuque y Soacha. Como todas las culturas del preclásico, los mismos estaban en una transición entre cazadores y agricultores.

Desde 1500 a. C. arribaron a la región grupos de agricultores portadores de tradiciones cerámicas incisas provenientes de las tierras bajas que inician la ocupación a través de los valles de vertiente. Estos grupos tienen viviendas permanentes y campamentos estacionales. Entre sus actividades económicas se destaca la explotación de fuentes de aguasal. En el sitio de zipacón son reconocibles las evidencias de agricultura y alfarería más antiguas de la altiplanicie, y datan del 1270 a. C.

Entre el 500 a. C. y el año 800 d. C., llegó una nueva oleada de pobladores al altiplano cundiboyacense cuya presencia está indicada por cerámica pintada y por obras de adecuación agrícola y de vivienda. Estos grupos permanecen hasta la época de la conquista española y han dejado abundantes huellas de su ocupación mediante las cuales y con la ayuda de los testimonios escritos del siglo XVI se puede reconstruir en forma detallada su modo de vida y organización sociopolítica. Al parecer los muiscas se integraron a la población que estaba antes que ellos, pero fueron los muiscas los que definieron el perfil cultural y la lengua estrechamente relacionada con la de los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta (Kogui, Ijka, Wiwa y Kankuamo) y la vertiente de la Sierra Nevada del Cocuy (U'wa).

Historia muisca

Hasta 1450, todo lo que se narra antes de esa época, es de carácter mitológico, por cuanto se daba mas la influencia de las leyendas de personajes divinos y semidivinos dentro de la cosmogonía muisca. Sin embargo, gracias a la tarea de los cronistas de la época de la conquista y colonia de las Indias (como el de Lucas Fernández de Piedrahíta), se ha podido reconstruir los últimos años de existencia histórica de los muiscas.

Las guerras civiles e intertribales

Con la ascención del zipa Saguamanchica, este se mantuvo en constantes guerras contra diferentes tribus hostiles en sus cercanías como los Sutagaos, Fusagasugaes, a los que sometió capturando y subordinando a su maximo cacique Usatama y sobre todo los panches, lo que sería un serio problema para sus sucesores Nemequene y Tisquesusa en los años venideros. Así mismo tenían que estar pendientes de las oleadas de invasores caribes y de la lucha hegemónica con los Zaques de Hunza por el mando del territorio muisca, principalmente por las minas de sal que eran preciadas para la economía y al tiempo con los caciques rebeldes que se alzaban en su contra.

Se sabe que Saguamachica dominó a los Sutagaos o Fusagasugaes, al cacique Ubaque que incendio el pueblo de Usme, para conquistar el corazón de la hija del zipa, Usminia, pretexto de la guerra entre dos clanes rivales, finalmente conquistó la confederación de Guatavita, pero este cacique tras su derrota se alió con el Zaque de Hunza, Michúa, con quien marchó a la batalla, a pesar de la imprecisión de los registros históricos se cree que ambos ejercitos sumaban unos 30.000 hombres y que el campo de batalla seria cerca de Chocontá, en el transcurso de la batalla tanto el Zipa como el Zaque murieron, dando la retirada de los dos bandos en contienda.

El Zaque fue sucedido por Quemuechantocha y el Zipa por Nemequene. Este ultimo se destacó en los siguientes años como una especie de Carlomagno muisca tanto legislador como conquistador. Rechazaría continuamente las invasiones panches, fortificaría las fronteras, ademas tipificaría los delitos y dictaría normas estrictas de investigación y juzgamiento. Finalmente se lanzaría a la conquista de las tierras del Zaque, en una batalla similar en Chocontá se enfrentó a Quemuechantocha, pese a que los ejercitos del Zipa inclinaban la balanza, Nuemequene fue herido por una saeta y retirado del campo de batalla murió unos días despues, lo que provocó la retirada de sus fuerzas, su general Sagipa cubriría la retirada. Sucedido por su sobrino Tisquesusa se sabe que adelantó una tregua con el Zaque, mientras organizaba sus ejercitos. Pero fue sorprendido por los españoles derrotado y finalmente muerto en Facatativá en 1537. Quemuechantocha, Tundama, Suamox cayeron con facilidad ante los poderosos ejercitos europeos.

La conquista española del territorio

Mientras los gobernantes muiscas se enfrascaban en guerras civiles, los conquistadores españoles ya se adelantaban en conquistar el territorio colombiano. Algunos de ellos Sebastián de Belalcázar, Gonzalo Jiménez de Quesada y Nicolás de Federmann, interesados en la búsqueda del tesoro de El Dorado. Avisados de la inminente presencia de los nuevos invasores, los gobernantes muiscas se valieron de ellos para terminar sus conflictos con las tribus hostiles pero una vez terminadas sus diferencias con ellas, los españoles pronto se aprovecharían de la situación para conquistar la confederación y legitimar sus actos ante la Corona española.

Muertos los últimos soberanos muiscas (Sagipa y Aquiminzaque), los caciques y el pueblo se alzaron tardíamente contra los nuevos dominadores hasta 1542 cuando el conquistador Gonzalo Suaréz Rendón finalmente sofocó los últimos movimientos de resistencia. Inicialmente la confederación fue repartida por Belalcázar, Federmann y Quesada hasta que la corona designó a éste último como adelantado de los cabildos de Santa Fe (sic) y Tunja.

Últimos soberanos muiscas

  • Zipas de Bacatá:
  • Meicuchuca (1450-1470)
  • Saguamanchica (1470-1490)
  • Nemequene (1490-1514)
  • Tisquesusa (1514-1537)
  • Sagipa (1537-1538)
  • Zaques de Hunza:
  • Michuá (hasta 1490)
  • Quemuenchatocha (1490-1537)
  • Aquiminzaque (1537-1541)

Muiscas como colonia

Desaparecida la estructura de las dos confederaciones muiscas como estado soberano, este pasó a integrar la realidad de las colonias españolas en América. El territorio de las confederaciones muiscas, ubicado en una de las regiones más fértiles de los Andes colombianos, el Altiplano Cundiboyacense y que había dado como resultado una de las civilizaciones más avanzadas de la actual Colombia, fue escogida por los españoles como cabeza administrativa de una región mucho más grande a la que llamaron Nuevo Reino de Granada. Ese hecho ocasionó que la clase alta, la nobleza y la casta sacerdotal muisca fueran eliminados y sólo quedaran las capitanías. También posibilitó que los españoles más intelectuales se interesaran por la civilización y registraran mucha información. Los mejores terrenos en cambio fueron para los conquistadores y se constituyeron los resguardos indígenas para albergar a la población muisca sobreviviente, que al mismo tiempo fue sometida a encomiendas o sea a la obligación de trabajar en las haciendas apropiadas por los jefes españoles. La época colonial contribuiría a dar una importancia creciente a Santafé, la antigua Bacatá, que jugaría un papel primordial en las luchas de independencia y de consolidación republicana. La guerra de independencia que implicó la unidad de propósito político de los que serían tres naciones (Colombia con Panamá, Venezuela y Ecuador), fue liderada por los criollos, es decir, los descendientes de los conquistadores. En tal caso la participación de los afroamericanos, indoamericanos y mestizos fue más bien como soldadesca, no menos importante porque fueron los que pusieron el pecho a los poderosos ejércitos realistas mejor preparados.

Siglo XX

Después de la independencia (1810) el nuevo estado criollo propició la disolución de los resguardos, de los cuales subsistieron solamente el de Tocancipá. En 1940 fue repartido[16] y queda el de Sesquilé que fue recortado por el concejo municipal, hasta quedar solamente el 10 por ciento de su tamaño original. El de Tenjo después de 1934 quedó con tan sólo 54 hectáreas. El resguardo de Cota fue reconstituido con un lote de tierra comprado por la comunidad en 1916, reconocido entre 1991 y 1998, cuando fue retirado el reconocimiento a la comunidad, que lo recuperó en 2006, pero la formalización del resguardo está en trámite.

En 1948 se prohibió la fabricación de chicha de maíz[17] que no fuera pasteurizada y embotellada en envase cerrado de vidrio. Éste fue un golpe cultural a los indígenas y al consumo de la bebida tradicional muisca, que disminuyó los ingresos de muchas familias de origen indígena y se agregó a la pérdida de las tierras. La prohibición rigió hasta 1991. El Festival de la chicha, el maíz, la vida y la dicha se celebra en el barrio bogotano de La Perseverancia (principal sitio de producción de chicha) como una muestra de las tradiciones ancestrales de alegría e identidad.

Siglo XXI

Desde 1989 se ha dado un proceso de reconstrucción de los cabildos indígenas por las comunidades muiscas sobrevivientes. Actualmente cuentan con Cabildo en funcionamiento las comunidades muiscas de Suba, Bosa, Cota, Chía y Sesquilé. Los diferentes cabildos se reunieron del 20 al 22 de septiembre de 2002 en Bosa en el I Congreso General del Pueblo Muisca y constituyeron el Cabildo Mayor del Pueblo Muisca, que se afilió a la Organización Nacional Indígena de Colombia ONIC. Se propusieron la recuperación lingüística y cultural y la defensa del territorio actualmente ocupado, frente al ordenamiento territorial que se quiere imponer para planes urbanísticos y de turismo. También apoya a las comunidades muiscas como las de Ubaté, Tocancipá, Soacha, Ráquira y Tenjo, para que defiendan su identidad y recuperen su organización y derechos específicos.

Los muiscas de Suba se opusieron con éxito a la desecación de la laguna de Tibabuyes y lograron la recuperación del Humedal de Juan Amarillo. También han defendido la reserva natural del cerro de La Conejera, que el acta de disolución del resguardo considera tierra comunal y por lo tanto inalienable. la revista Suati (‘canción del sol’) divulga poesía y otros trabajos literarios y de investigación de autores muiscas. La comunidad de Bosa ha logrado desarrollar con éxito un proyecto de recuperación y ejercicio de la medicina tradicional, en conjunto con el Hospital Pablo VI y con la Secretaría de Salud Distrital de Bogotá. la comunidad de Cota adelanta un programa de soberanía alimentaria, ha reintroducido el cultivo de la quinua y realiza periódicamente eventos de trueque de sus productos agrícolas, pecuarios y artesanales y participa de los mercados campesinos que en Bogotá organiza el Comité de Interlocución Campesino y Comunal.

Hacia finales del año 2006 éste es el informe de la población muisca contemporánea:

  • 3 cabildos muiscas: Cota, Chía y Sesquilé con una población de 2318 personas.
  • En el Distrito Capital están censadas 5186 personas pertenecientes a la etnia muisca, principalmente en las localidades de Suba y Bosa.
  • Ello no cuenta otras comunidades muisca en otros sectores del territorio de las antiguas confederaciones ni de Colombia y no tiene en cuenta el mestizaje, es decir, las personas que tienen ancestros muiscas.

Desde algunas perspectivas políticas, la cultura muisca desapareció con el fin de la estructura político-organizativa de las confederaciones de Hunza y Bacatá a principios del siglo XVI. Incluso se dice que el idioma muisca murió definitivamente hacia finales del siglo XVIII. Pero dicha percepción es un desacierto histórico y una negación cultural. Por el contrario la cultura muisca vive, está presente de una u otra forma en la cultura nacional colombiana y está presente en muchas comunidades campesinas que han sobrevivido los convulsos siglos que arrebataron la soberanía de un pueblo que todavía tiene mucho que aportar.

Estudios muiscas

Los estudios acerca de la cultura muisca son abundantes y tienen una larga tradición. Las primeras fuentes históricas acerca de la existencia de este pueblo están en los llamados Cronistas de Indias cuya labor duró los tres siglos de la existencia de la Colonia Nuevo Reino de Granada. Después de las gestas de la independencia (1810), se presentó un fenómeno que fue útil a los estudios sobre los muiscas: los criollos establecieron como capital la que fuera la capital colonial, Santafé y la que a su vez fuera la capital de la Confederación del Zipa, Bacatá. Se dio pues un interés por documentar la idea de que el territorio del Altiplano Cundiboyacense había sido en realidad la cuna de una civilización avanzada cuyo proceso de esplendor fue bruscamente detenido por la conquista.[18]

Este fenómeno social de búsqueda de la identidad que benefició a los muiscas, hizo que el resto de las culturas que habitaron el territorio de lo que hoy es Colombia fueran vistas como salvajes. Otro problema fue la creencia inicial de que los muiscas habían poblado un territorio inhabitado, por lo cual todos los hallazgos arqueológicos fueron atribuidos a los muiscas. El presidente Tomás Cipriano de Mosquera invitó en 1849 al cartógrafo italiano Agustín Codazzi, quien dirigió la Comisión Coreográfica con Manuel Ancízar. Hicieron estudios descriptivos del territorio nacional en el que contaban hallazgos arqueológicos. Los resultados de dicha expedición fueron publicados en 1889 en Peregrinación Alfa.[19] Argüello García señala que el objetivo de dichas expediciones dado el contexto reciente de la constitución de la nueva nación, era el de resaltar la civilización de la época precolombina y en tal sentido se centran en la Cultura Muysca como parangón cultural. Esta percepción tuvo otros representantes como Ezequiel Uricoechea en su obra Memorias sobre las Antigüedades Neogranadinas.[20]

La contestación vendría de Vicente Restrepo que toma una vía opuesta: si los primeros quisieron ver en los muiscas un elemento de civilización superior, Restrepo en su obra Los chibchas antes de la conquista española[21] los muestra en cambio como bárbaros. Pero Miguel Triana en su obra La civilización chibcha[22] abre las puertas a un nuevo interés y de nuevo se ven centradas las investigaciones alrededor de los muiscas. Triana llegó a sugerir incluso que los numerosos símbolos de arte rupestre no eran otra cosa que escritura, teoría esta bastante contestada. Otro autor de destacar en esta época fue el arqueólogo colombiano Wenceslao Cabrera Ortíz, el cual propuso proyectos de una profunda investigación para la interpretación de todo el material existente, especialmente aquel del arte rupestre. Cabrera replantearía la teoría de la procedencia migratoria de los muiscas. Su importancia radica en su intención de registrar y hacer de la arqueología de Colombia una materia de estudio en las escuelas y en cada región. En 1969 se publica Monumentos rupestres de Colombia[23] e informes de las excavaciones de El Abra lo que, según Argüello, abre una verdadera época de la investigación científica en Colombia.[24]

Incluye contenido de licencia CC-BY-SA del artículo de Wikipedia Muiscas. (autores)

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