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Américo Vespucio?

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Américo Vespucio (en italiano Amerigo Vespucci) (9 de marzo de 1454,[2] Florencia, Italia - 22 de febrero de 1512, Sevilla, España) fue un navegante italiano que trabajó al servicio del reino de Portugal y de la Corona de Castilla. Se le consideró el primer europeo en comprender que las tierras descubiertas por Cristóbal Colón conformaban un nuevo continente; por esta razón el cartógrafo Martin Waldseemüller en su mapa de 1507 utilizó el nombre de "América" en su honor como designación para el Nuevo Mundo. El relato a menudo fantasioso y contradictorio de sus viajes lo han ubicado como una de las figuras más controvertidas de la Era de las Exploraciones.

Biografía

Florencia

Fue el tercer hijo de Nastagio Vespucci, un notario y acomodado comerciante florentino y Lisa di Giovanni Mini.[3] Su tío fue el ilustrado fraile dominico Giorgio Antonio Vespucci, dueño de una de las principales bibliotecas de la ciudad, quien tuvo a su cargo la educación del joven.[4] Giorgio había donado en 1450 su colección de libros a la ciudad, y por la misma época había abierto una escuela para los hijos de los aristócratas florentinos en su convento de San Marcos.[5] Allí formó al joven en las ciencias, especialmente en las enseñanzas de Aristóteles y Ptolomeo sobre astronomía, cosmografía y geografía; en la lectura de los clásicos y particularmente en el dominio de la lengua docta, el latín (en la Biblioteca Ricardiana de Florencia existe un pequeño códice de su autoría, titulado Dettati da mettere in latino, escrito en ese idioma). Américo adquirió una predilección por Virgilio, Dante y Petrarca.[6] Los escritos del viajante Marco Polo también ejercieron una marcada influencia en la curiosidad e interés de Américo por nuevos horizontes.[7]

La familia Vespucci pertenecía al selecto círculo de amistades de los Médici de Florencia, y sus miembros formaban parte en general de una élite culta.[4] Como prueba de la sólida posición financiera del clan, Nastagio encargó al famoso pintor florentino Domenico Ghirlandaio un retrato de familia que ocuparía una pared de una iglesia construida por otro miembro de los Vespucci en 1483. En ese momento Américo tenía 19 años de edad.[4]

En 1478 la enérgica reacción de los Médici a la Conspiración de los Pazzi precipitó el enfrentamiento de Florencia con el papa Sixto IV y causó la guerra con Nápoles. Dado el desorden reinante, Lorenzo el Magnífico decidió enviar un embajador permanente a la corte de Luis XI en París con el fin de estrechar alianzas contra el enemigo común. Eligió para ello a Guidantonio Vespucio, otro de los tíos ilustres de Américo. Éste, que entonces tenía 24 años, asistió a su pariente en rol de giovane (criado y secretario personal).

Francia se hallaba inmersa en varias guerras e intrigas políticas contra sus rivales y enemigos y la actividad diplomática de los Vespucio fue muy intensa. Allí prosiguió sus estudios avanzados, aprendió las sutilezas de la negociación y escribió muchos reportes a la Signoria sobre sus actividades, que se encuentran preservados en el Archivio di Stato de Florencia. Luego de la firma de la paz con Nápoles y de la normalización de relaciones con el Papado, tío y sobrino regresaron a Florencia en 1480.[8]

La fortuna de los Vespucio estaba en lenta decadencia desde hacía décadas y su padre veía en Américo al emprendedor que salvaría el destino de la familia; quería que el joven se dedicara exclusivamente a los negocios del clan;[9] finalmente consiguió que desistiera de estudiar en la Universidad de Pisa y, gracias a las gestiones de Guidantonio, que se empleara en cambio en Florencia, a las órdenes de Lorenzo di Pierfrancesco de Médici y su hermano Giovanni. Trabajó para ellos durante los siguientes dieciséis años.[10]

El mayor erudito en la geografía de su tiempo era Paolo Toscanelli, director de la biblioteca del convento de San Marco en donde Américo había estudiado, y había sido coleccionista y manufactor prolífico de mapas.[11] Aunque no hay evidencia concreta, es casi seguro que estuvieron en contacto,[12] y que fue Toscanelli el que plantó en la mente del joven la idea de navegar hacia el occidente en busca de nuevas tierras.[12]

El padre de Américo murió en abril de 1483, época en que Florencia empezaba a convulsionarse por la elocuente denuncia moral del fraile Girolamo Savonarola. De acuerdo a su testamento, el muchacho se convirtió entonces en el principal responsable de las finanzas familiares.[10] Tenía experiencia en ese campo: se le había nombrado síndico de los bienes confiscados a los conspiradores Pazzi y estaba por acceder al notariado de la Signoria. Sus dos hermanos, Girolamo y Bernardo, no estaban en cambio a la altura de la responsabilidad: eran de carácter vagabundo y bohemio, y habían encontrado otros rumbos muy alejados de la ciudad.[8]

Del estudio de su correspondencia del período, se deduce que Vespucio fue padre de una hija natural, aunque no se conoce su nombre ni el de la madre. Por ejemplo, uno de sus amigos le escribió desde España:

  • Dime cómo está tu hija y la madre, y cierta mujer llamada Francesca. A todas mil recuerdos. Quisiera saber si la Lisandra está bien. No porque la quiera, sino por saber si está viva o muerta. Ella tiene una pobre idea de mí, y yo peor de ella… Muchos recuerdos a todos en casa de Lorenzo, y especialmente al maestro Giacomo, el zapatero.[13]

Durante estos años pudo haber hecho contacto con algunas de las encumbradas amistades de Giorgio Antonio, entre ellas el humanista Johannes Reuchlin, y a través de éste, con Martin Behaim, navegante y cartógrafo adelantado a su tiempo.[8]

Sevilla

Con el tiempo se ganó la confianza y admiración de sus empleadores, quienes le asignaron una nueva misión: a partir de 1489, Vespucio[14] se desempeñó como auditor y administrador a cargo de una agencia bancaria de los Médici en Sevilla, cuyas cuentas hasta ese entonces habían sido manejadas de forma poco clara.[15] La península Ibérica era en esta época un próspero centro mercantil y aseguraba grandes oportunidades de negocios.[16] La incorporación a Castilla del reino de Granada era inminente: ya habían caído Málaga y Córdoba; la toma de Granada no parecía lejana. El trono estaba bajo el firme mando del rey Fernando II de Aragón y su esposa, Isabel I de Castilla.[17] Siguiendo instrucciones de Pierfrancesco, investigó los antecedentes financieros de otro florentino: Juanoto Berardi, proveedor de esclavos y aprestos navieros, con quien luego entró en sociedad comercial y de quien se hizo amigo. La sociedad duró hasta la muerte de este último en diciembre de 1495. El negocio estaba relacionado con el armado y aprovisionamiento de barcos, una actividad que había crecido considerablemente a lo largo del siglo XV luego de que se localizara en Guinea la llamada Mina de Oro.[8] La flamante empresa de los italianos participó como subcontratista en los preparativos de todos los viajes de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo. Berardi, apoderado del genovés, contribuyó al financiamiento del primero de ellos y por su intermedio Vespucio y el Almirante entablaron una perdurable amistad. Con el auge de las expediciones a las Indias, la empresa de los florentinos se vio beneficiada hasta el punto en que requirió una dedicación casi total de Vespucio y las labores a las órdenes de Pierfrancesco tuvieron que ser asignadas a otros.[8]

Tras la muerte de Berardi, Vespucio se convirtió en su ejecutor testamentario y tomó las riendas de los negocios. Actuando como su albacea pudo disponer de los bienes necesarios para organizar una expedición a las Indias. En efecto, ganó mucho dinero que utilizó en parte para mantener a varios miembros de la familia, caídos en desgracia.[15] En sus labores como banquero y como proveedor de bagajes navieros también había acumulado gran cantidad de contactos de personas de influencia y había complementado sus conocimientos teóricos de navegación con algo más cercano a la práctica. A mediados de 1496 Colón regresó de su segundo viaje. En una reunión con Vespucio, ambos conversaron sobre los nuevos descubrimientos; Américo parece haber sido escéptico sobre las afirmaciones del Almirante, que sostenía haber alcanzado el extremo oriental de Asia. La entrevista incrementó en Vespucio la curiosidad por el enigmático territorio y tuvo entonces la determinación de que, a pesar de su edad (tenía ya 40 años), realizaría un viaje a las tierras para investigarlas por sí mismo.[18] Reunía en efecto muchas condiciones para ser un marino exitoso: las conexiones políticas, la tradición familiar de comerciante y negociador, la inclinación por las matemáticas, el conocimiento geográfico y astronómico.[19]

Realizó una o dos expediciones bajo las órdenes del rey Fernando. Su segundo viaje, entre 1499 y 1500, pudo ser un encargo de la Corona para verificar las afirmaciones de Colón sobre sus hallazgos[20] y está relativamente bien documentado. El primero, entre 1497 y 1498-99, es mucho más dudoso y sus circunstancias son altamente cuestionables.

Lisboa

Poco después de su regreso a puerto recibió una invitación del rey Manuel I de Portugal para presentarse en su corte: quería aprovechar la experiencia de Vespucio, por entonces uno de los que mejor conocía la costa del Nuevo Mundo, y contratarlo como piloto bajo bandera lusitana. El florentino rechazó la oferta, tal vez por presión de las autoridades castellanas, pero ante la insistencia del monarca terminó aceptando y salió de Sevilla de improviso. De este hecho hay dos interpretaciones: o se trató de una mera aventura individual del navegante, o bien fue una maniobra de espionaje concertada con la corona castellana para obtener información sobre los conocimientos marítimos portugueses (una práctica común en ambos bandos).[8]

En vista de esta decisión, es un hecho significativo que el gobierno del rey Fernando le hubiera ofrecido encabezar una expedición compuesta por tres naves.[21] No se conocen los motivos ni detalles del desarrollo de los acontecimientos, pero Vespucio terminó declinando la oferta de la corona, llegando a la conclusión de que sólo tenía posibilidades de éxito si navegaba bajo bandera portuguesa,[22] quizás porque los barcos lusitanos eran más veloces, maniobrables, resistentes y confiables que los castellanos.[23]

Hasta ese momento, los Reyes Católicos estaban más interesados, como cualquier monarca de la época, en la adquisición de nuevas tierras que en la mera exploración por fines científicos: algunos autores creen que la consecuente negativa del rey a financiar el proyecto de Américo de alcanzar el Océano Índico, el Golfo de Ganges (hoy en día Golfo de Bengala) y la isla de Taprobane (hoy Sri Lanka) fue determinante para que el navegante decidiera abandonar Castilla. Sea como fuere, la decisión de Vespucio fue tomada públicamente como una suerte de deslealtad hacia el trono español.[8]

El rey lusitano le pidió que acompañara la excursión de tres naves que se iniciaría en Lisboa. Sería conocido como el tercer viaje y se halla lo suficientemente documentado como para ser considerado verídico por la mayoría de los investigadores. Su propósito era avanzar hacia el Nuevo Mundo, pero sin colisionar con lo descubierto por los castellanos y por lo acordado en Tordesillas. Por el contrario, la escuadra debería dirigirse hacia el suroeste, hasta donde se encontrara tierra.[8]

Varias fuentes consignan un dudoso cuarto viaje iniciado en 1503, probablemente con la meta de crear los primeros asentamientos portugueses estables en el nuevo continente.

De nuevo en Sevilla

Vespucio permaneció en Portugal hasta finales de 1504 y luego regresó a Sevilla, en donde residiría hasta el fin de su vida.[24]

La situación interna en Castilla era muy distinta de su última estadía: la reina Isabel había muerto y su esposo Fernando había asumido la regencia de la hija y heredera de ambos, Juana, llamada después "la Loca". El monarca deseaba transformar a su reino en una potencia marítima siguiendo las políticas que Enrique el Navegante había aplicado en Portugal más de setenta años atrás, y Vespucio estaba en sus planes: una vez que el florentino se hubo afincado en "los reinos de Castilla y de León", lo naturalizó castellano en 1505 a nombre de su hija, por quien decidía:

  • Doña Juana, por la gracia de Dios, (...) Por hacer bien y merced a vos Amerigo Vezpuche, florentín, acatando vuestra fidelidad é algunos vuestros buenos servicios que me habéis fecho, é espero me haréis de aquí adelante, por la presente vos hago natural destos mis reinos de Castilla y de León, é para que podáis haber é hayéis cualesquier oficios públicos Reales é consejales, que vos fueren dados é encomendados, é para que podáis gozar é gocéis de todas las buenas honras é gracias é mercedes, franquezas é libertades, exenciones, preeminencias, prerrogativas e inmunidades (...)[25]

En febrero de 1505, Cristóbal Colón había enviado una carta a su hijo Diego en la que no ahorra términos elogiosos para con el florentino, demostrando por ende que al menos hasta aquel momento no había existido ningún conflicto entre ambos exploradores.[25]

Algunos historiadores le adjudican un nuevo viaje, el quinto que habría ocurrido en 1505. Esta excursión está prácticamente indocumentada y sus circunstancias son parcialmente contradictorias con otra información tenida por cierta, por lo que es improbable que haya tenido lugar.

Vespucio se casó con una mujer llamada María Cerezo muy probablemente ese mismo año. No se sabe casi nada de ella, aunque se cree que la relación entre ambos se remontaba al primer período sevillano del navegante.[8]

El rey Fernando preparó una reunión con Vespucio y Vicente Yáñez Pinzón, en la que se estudió una nueva política marítima que tendría dos metas: el afianzamiento del poder castellano en la región del Caribe; y el descubrimiento de un paso meridional para llegar a Asia. De esta manera se uniría la voluntad de Américo a la experiencia de Pinzón para formar un ambicioso plan de expansión ultramarina. Esto terminó de consolidar a Vespucio como uno de los más respetados navegantes al servicio de Castilla. Recibió de Fernando la orden de preparar, junto con Yáñez Pinzón, una expedición destinada a las islas de la Especiería, a bordo de una flotilla cuyas naves se construirían en Vizcaya. La escuadra que buscaría el mencionado Paso del Sur estaría a cargo de los dos navegantes.[26] A pesar de que todos sus preparativos fueron llevados a término, este viaje nunca se llevó a cabo, pues el interregno de Felipe el Hermoso luego de la Concordia de Villafáfila de 1506 introdujo una serie de demoras e incertidumbres en el proyecto que terminó imposibilitando su concreción. El plan de Fernando debería proseguir —al menos por un tiempo— centrado exclusivamente en el desarrollo del Caribe.[8]

En 1507 (o tal vez 1508) habría realizado su último viaje, el sexto, tan mal documentado y dudoso como el anterior.

El 26 de noviembre de 1507 fue invitado a participar como cartógrafo experto en la Junta de Burgos, junto con Yáñez Pinzón, Juan de la Cosa y Juan Díaz de Solís. En febrero de 1508 se realizó la reunión presidida por el rey Fernando, que ya había recuperado el gobierno de Castilla tras la muerte de Felipe. Allí se decidió retomar los planes de exploración del Nuevo Mundo, en especial los concernientes al Paso del Sur, que habían perdido fuerza durante el interregno del Habsburgo. El Rey comisionó a Yáñez Pinzón y a Díaz de Solís para la búsqueda de este camino a la Especiería. Vespucio deseaba organizar una expedición propia lo antes posible, pero en la reunión se estableció que jugaría un nuevo rol que lo mantendría en tierra firme: el 22 de marzo el rey Fernando lo nombró "Piloto Mayor de Castilla", dependiente de la recientemente creada Casa de Contratación, con lo cual debió hacer a un lado sus planes de viaje. Sus funciones serían las de enseñar las habilidades de navegación (en especial el manejo del cuadrante y del astrolabio), cosmografía y pilotaje en la nueva escuela naval de la ciudad; de seguir y calificar el progreso de los aprendices; de aplicar sanciones por violación de las normas; de inspeccionar instrumentos de navegación e investigar sobre los problemas relacionados con la actividad. Además tenía a su cargo la responsabilidad de los registros cartográficos e hidrográficos, siendo una labor central la confección del Padrón Real, el mapa donde figurarían todos los hallazgos nuevos.[27] Las disposiciones de la Corona son claras al respecto:

  • Mandamos a nuestros oficiales de la Casa de Contratación de Sevilla, que hagan juntar a todos nuestros pilotos, los más hábiles que se hallaren en la tierra a la sazón, é en presencia de vos el dicho Amerigo Despuchi (sic), nuestro piloto mayor, se ordene é haga un padrón de todas las tierras é islas de las Indias que hasta hoy se han descubierto pertenecientes a los nuestros reinos é señoríos, é sobre las razones e consulta dellos, é al acuerdo de vos el dicho nuestro piloto mayor, se haga un padrón general, el cual se llame el padrón Real, por el cual todos los pilotos se hayan de regir é gobernar.[8]

Esencialmente, Vespucio tenía control de todos los viajes bajo bandera castellana y por lo tanto, del comercio marítimo. A pesar del sueldo de 75.000 maravedíes anuales,[28] estas labores lo frustraron rápidamente. El rey, seguramente con el acuerdo de su comisión de consejeros en temas navales (Juan de la Cosa, Vicente Yáñez Pinzón, Juan Díaz de Solís, y el propio Vespucio) lo había nombrado piloto mayor precisamente para que introdujera a los pilotos españoles en el uso de métodos astronómicos, sustituyendo sus viejas prácticas de estima, y para que los examinara, asegurándose de su competencia,[29] pero él encontraba que sus jóvenes alumnos eran reacios a aprender sus lecciones.[30] De todas formas, su influencia en el siglo de los descubrimientos fue decisiva: los mejores pilotos del país pasaron por su escuela, que abrió el camino para la dramática expansión española de ultramar del siglo y medio siguiente; inspiró también a muchos expedicionarios con las ideas de una hipotética ruta a Asia a través del extremo meridional de Sudamérica.[31] Entre sus innovaciones destaca su orden de construir en Vizcaya barcos con el casco revestido de plomo para otorgarles mayor resistencia en las traicioneros arrecifes y bancos de arena de las aguas del Caribe.[32]

Fue también proveedor de consejos y opiniones al arzobispo y luego cardenal Francisco Ximénez de Cisneros, sobre la estrategia de administración por la que Castilla debería asegurarse el dominio efectivo de sus nuevas dependencias.[33]

Tenía un buen pasar económico, aunque no incurría en lujos. Vivía en una casa en la calle Del Rey, alquilada a su vecino de al lado, el obispo Juan Rodríguez de Fonseca.[34] Tenía dos criados blancos y cinco esclavos: cuatro mujeres y un varón. Una de ellas, llamada Isabel, dio a luz a un niño y una niña en esa misma casa. En base a ciertos indicios del testamento de Vespucio, Varela Bueno no descarta que, como no era raro en la época, fueran los propios hijos del navegante.

El nombre del Nuevo Mundo

Desde que Vespucio anunciara el hallazgo del nuevo continente, éste había recibido varios nombres, cuya aplicación y aceptación era generalmente regional. Así, los castellanos lo llamaban "Indias" o "La gran Tierra del Sur"; los portugueses, "Vera Cruz" o "Tierra Santa Cruz". Algunos cartógrafos empleaban "Tierra del Brasil" (que sin embargo aludía a una isla imaginaria), "Tierra de Loros", "Nueva India", o simplemente "Nuevo Mundo".[36]

En la imprenta de la abadía de Saint-Dié-des-Vosges en Lorena, Francia, trabajaban varios editores que quedaron impresionados por la lectura de las publicaciones que pretendían narrar las proezas vespucianas: había llegado a sus manos un ejemplar traducido al alemán de la Lettera[37] y otro francés de Mundus Novus, de los tantos que circulaban por Europa.

Decidieron dar a conocer las nuevas noticias en la forma de un pequeño tratado llamado Cosmographiae Introductio acompañado por una traducción al latín de la Lettera bajo el título "Quattuor Americi navigationes" ("Cuatro Viajes de Américo"), y publicarlos bajo la forma de un panfleto. El 25 de abril de 1507 salieron del taller las dos primeras ediciones. En el capítulo IX del texto se sugería que el nombre del Nuevo Mundo debería ser "América" (femenino por analogía a "Europa", "Asia" y "África") en honor de quien la reconociera como tal: "ab Americo Inventore (...) quasi Americi terram sive Americam" ("De Américo el descubridor (...) como si fuese la tierra de Américo o América") No se sabe con certeza cuál de los impresores es el creador del nombre. El Gymnase Vosgien ("Gimnasio de los Vosgos") estaba integrado por Vautrin Lud, Nicolás Lud, Jean Basin, Mathias Ringmann y Martin Waldseemüller. Los especialistas se inclinan por Ringmann o por Jean Basin de Sandacourt, el traductor de la Novus Mundus al latín. Martin Waldseemüller, un destacado humanista alemán y profesor de cartografía que se desempeñaba como dibujante y corrector de pruebas del grupo, inscribió el sonoro nombre en un pequeño planisferio que incluyó en el panfleto. Allí aparece aplicado a Sudamérica (la primera de las tres américas en ser llamada así). En la parte superior del mapa, sobre el Viejo Mundo, aparece un retrato de Ptolomeo; sobre el Nuevo Mundo, uno de Vespucio.[38] Además, Waldseemüller confeccionó una versión para ser proyectada en una esfera metálica, que sería regalada al monarca de Lorena.[8] La voz tiene tal eufonía y guarda tanta consonancia con las palabras "Asia" y "África" que inmediatamente se afincó en las lenguas noreuropeas.[39] Sin embargo tardó en ser adoptado en la península ibérica y sus colonias, en donde el nombre mayoritariamente usado siguió siendo por bastante tiempo el de "Indias occidentales".[38] Se produjeron miles de copias de la Cosmographiae Introductio, pero los originales se perdieron y permanecieron así durante tres siglos y medio. Hacia 1890, mientras preparaba en París su Géographie du Nouveau Continent, Humboldt pudo dar con el paradero del panfleto. El mapamundi fue hallado poco después, en 1900, cuando lo descubrió el profesor Joseph Fischer dentro de un libro olvidado en el castillo de Wolfegg. Los cascos usados para hacer la esfera habían sido recuperados en 1871.

Fallecimiento

El 9 de abril de 1511 Américo Vespucio dictó su testamento a su notario: legaba la mayoría de sus bienes a su mujer y pedía que enterraran su cuerpo en la iglesia de San Miguel de Sevilla o, de no ser posible allí, en la de San Francisco. Ordenaba una misa de réquiem y treinta y tres misas al Santo Amador, y erogaba dos mil maravadíes para que se rogara por su alma:

  • E mando a la Santíssima Trinidad e a Santa María de la Merced e a la otras mandas acostumbradas a cada una medio ducado de oro. E a la casa de enfermos del Señor Sant Lázaro medio ducado de oro. E a la Iglesia Mayor, por ganar los perdones que en ella son otorgados, un real de plata, el qual mando en tantas vezes quantas se ganan dichos perdones. E a la capilla de Sant Clemente, do está el sagrario de la dicha Iglesia, por reverencia de los Santos sacramentos un real de plata. E a la cera con que se acompaña el Corpus Christi otro real de plata. E que en los nueve dias o en el año siguiente de my enterramiento, me digan todas las misas e sacrificios e hagan por my ánima todas las limosnas que la señora Mari Cerezo, mi muger, quisiere.

Cedió a su esposa su parte en la propiedad de los esclavos, pero llamativamente exhortó a que a Isabel y a sus dos hijos se les concediera la libertad cuando aquélla falleciera:

  • (...) qu'ellas queden libres e quitas de servidumbre de la dicha mitad que de cada una a mi perteneciente, e por los buenos servicios que me han fecho a mi e a la dicha mi muger; encargo la conciencia de la dicha mi muger, que mire cerca d'ello lo que le paresciere que sea mejor para mi ánima e suya. En quanto al ahorramiento de la otra mitad de cada una d'ellas que a ella le pertenesce.[35]

Estos y otros detalles vieron la luz cuando la investigadora Consuelo Varela Bueno descubrió la pieza testamentaria en el archivo de Sevilla.[8]

Vespucio murió en Sevilla el 22 de febrero de 1512.[42] Su esposa recibió una pensión de la Corona mediante decreto real del 28 de marzo de 1512, a cuenta de los servicios dados por su esposo como piloto mayor. A la muerte de María, un decreto del 26 de diciembre de 1524 otorgó el resto de la pensión a su hermana Catalina Cerezo, lo que prueba que no dejó hijos herederos. El sobrino de Américo, Giovanni (hijo de su hermano Antonio), se hizo cargo de los papeles, cartas y diarios de su tío.[43] Fue nombrado su sucesor como piloto mayor, compartiendo el puesto con Juan Díaz de Solís.[44]

Sus logros como navegante fueron numerosos: participó en la quinta expedición europea que desembarcó en las costas de Brasil, estuvo entre los pioneros en bordear los actuales Uruguay y Argentina, y en el segundo viaje que logró avistar y cartografiar la de la actual Venezuela. Se debe destacar que el nombre de Venezuela históricamente se ha atribuido al cartógrafo italiano Américo Vespucio acompañado de Alonso de Ojeda, en una expedición naval de exploración en 1499 por la costa noroccidental del país, hoy conocido como Golfo de Venezuela. En aquella travesía, la tripulación observó las viviendas aborígenes erigidas sobre pilotes de madera que sobresalían del agua construidas por los indígenas añú. Dichas viviendas, que llevaban el nombre de palafitos, recordaron a Vespucio la ciudad de Venecia en Italia ("Venezia", en italiano), lo que le inspiró a dar el nombre de Venezziola o Venezuela (Pequeña Venecia) a la región.

Exploró tres de los ríos más grandes del planeta: el Amazonas, recién descubierto por el navegante palermo Vicente Yáñez Pinzón, que lo bautizó Santa María de la Mar Dulce; el Esequibo y el Río de la Plata. Exploró unos 10.000 km de costas.[45] Fue uno de los primeros en describir la existencia de la corriente del golfo, descubierta por el navegante y cartógrafo de Palos Antón de Alaminos. Aprendió y desarrolló métodos para determinar con precisión la longitud posicional mediante el estudio de los ciclos lunares y las conjunciones planetarias. Comprendió pronto, como otros navegantes y cartógrafos de su época, que las nuevas tierras descubiertas por Colón no pertenecían a Asia sino que eran un continente aparte. Pero, precisamente él, era amigo de los impresores y, probablemente, también quien les pagó por imprimir un mapa donde al nuevo continente encontrado se le denominó América.

El primer monumento americano en su memoria fue erigido en 1987 en la ciudad de Bogotá.[8]

Existe gran controversia sobre la evidencia documental de los viajes de Vespucio. Según el autor que se consulte, el número de viajes exploratorios hechos por el navegante va desde dos hasta seis.

De los textos atribuidos a Vespucio, han llegado a nuestros días solo seis cartas que narran sus viajes; de ellas, cuatro (o tal vez cinco) fueron dirigidas a su protector, Lorenzo di Pier Francesco de Médici. En orden cronológico:

  • La primera, remitida a Pierfrancesco desde el puerto de Sevilla el 18 de julio de 1500, que relata los preparativos y las primeras impresiones del segundo viaje. Está escrita y firmada de puño y letra por Vespucio; fue publicada por el abate florentino Angelo María Bandini en su Vita e lettere di Amerigo Vespucci gentiluomo fiorentino de 1745.[46] [47]
  • La segunda, también destinada a Pierfrancesco desde Cabo Verde el 4 de junio de 1501, que narra el tercer viaje; fue encontrada y publicada por Giovanni Battista Baldelli Boni en 1827.
  • La tercera, enviada desde Lisboa al regresar de su tercer viaje, en el año 1502. Se la conoce como la "Carta de Lisboa" y afirma en ella haber llegado a las antípodas (en sentido estricto, una clara exageración); fue descubierta en la Colección Strozzi y publicada por Francesco Bartolozzi en 1789. También estaba destinada a Pierfrancesco.
  • La quinta, llamada "Fragmentaria"; está escrita en italiano y se reduce a solo unos pocos trozos sin encabezamiento ni datación. Según los estudiosos, probablemente sea de 1502, aunque no hay acuerdo; fue descubierta por el profesor Roberto Ridolfi en el Archivos Conti y publicada en 1937. No se conoce el destinatario, pero por el tono se cree que no estaba dirigida a Lorenzo di Pierfrancesco, sino a alguien de mayor confianza, posiblemente el erudito y geógrafo Zenobio Acciaiuoli o quizá el tío Giorgio Antonio. Está escrita en forma de defensa contra quienes objetan la verosimilitud de sus aseveraciones.[48]

La principal controversia se centra en las dos cartas restantes, llamadas "públicas": la cuarta, Mundus Novus, publicada en París en 1504, en latín; y la sexta, Lettera di Amerigo Vespucci delle isole nuovamente trovate in quatro suoi viaggi ("Carta de Américo Vespucio sobre las islas recientemente descubiertas en sus cuatro viajes"), comúnmente abreviada Lettera, publicada en italiano circa 1505 en Florencia.

Subsisten además multitud de copias, ediciones y traducciones de este correo privado, generalmente plagadas de errores de transcripción y de tipografía. Por otro lado es seguro que existieron muchas otras cartas de Vespucio a la Signorias de Florencia y Venecia, que estaban sumamente interesadas en sus descubrimientos. Si esos papeles han llegado a nuestros días, casi con certeza se encuentran en las vastas colecciones del archivo de Estado florentino. Es también muy probable que el Nuncio Papal haya recopilado información sobre las actividades de españoles y portugueses en el Nuevo Mundo, y que tales reportes se conserven en algún recóndito lugar de los archivos vaticanos.[49]

También se conserva abundante correspondencia de la juventud de Amerigo, que fue hallada y presentada a la ciencia por Ida Masetti Bencin y Mary Howard Smith recién en 1902. Se trata de 71 cartas que nunca fueron compiladas en un libro y que apenas vieron circulación impresa. Existe también un libro de ejercicios del navegante que jamás fue publicado. Estos documentos arrojan luz sobre la vida del personaje, pero carecen de valor para esclarecer el enigma de sus viajes.[8]

Finalmente existen dos textos de terceros, llamados "venecianos", que relatan un quinto y sexto viaje del navegante; estos documentos son casi unánimemente considerados apócrifos y los viajes que relatan, nunca realizados:

  • Carta de Girolamo Vianello a la Signoria de Venecia, con fecha de Burgos del 23 de diciembre de 1506, que relata el quinto viaje, hallada por Leopoldo Ranke en el Diario de Sanuto, en la Biblioteca Marciana de Venecia y publicada por primera vez por Alexander von Humboldt en 1839[50]
  • Carta de Francesco Corner a la Signoria de Venecia, fechada el 19 de junio de 1508, con que relata el sexto viaje, publicada por primera vez por Henry Harrisse en 1892.

Concepción clásica

El barón Humboldt, fue el primero que aplicó el método científico al estudio de los viajes de Américo, en el segundo volumen de su Examen de l'histoire de la Géographie du Nouveau Continent aux XV et XVI siècles. Le siguió un sinnúmero de trabajos de investigación, como los de Armand Pascal d'Avézac (1858), Francisco Adolpho de Varnhagen (1858 a 1872), Henry Harrise (1892), John Fiske (1892), Henry Vignaud (1916), etc. El metódico erudito Gustavo Uzielli llegó a reunir 280 obras sobre Vespucio en 1892 y aun así su colección distaba de ser completa.[8]

En general, la visión clásica tiende a negar al florentino la mayor parte de sus logros y, en vista de las contradicciones de Mundus Novus con la Lettera y de éstas con el resto de la correspondencia, minimiza el valor documental de sus escritos, reduciéndolos a simples fabulaciones oportunistas hechas con el propósito de ganar notoriedad y títulos. Según buena parte de los historiógrafos contemporáneos, esta postura es el resultado de estudios paleográficos erróneos de Varnhagen —quien paradójicamente fue un defensor de la figura de Vespucio— que fueron punto de partida para los trabajos eruditos de Harrisse, Fiske y Vignaud.[49]

Fray Bartolomé de Las Casas, gran defensor de la figura de Colón, que ignoraba los detalles alrededor de las publicaciones de la Lettera, fue la primera figura notoria en acusar al florentino de "mentiroso" y "ladrón", denunciando que había robado la gloria que, según él, le pertenecía por derecho al Almirante:

  • (...) [al] pretender tácitamente aplicar a su viaje y a sí mismo el descubrimiento de la tierra firme, usurpando al almirante Cristóbal Colón lo que tan justamente se le debía.[38]

Asimismo en su diatriba afirmaba que:

  • El nuevo continente debería haber sido llamado Columba, y no como es injustamente llamado, América.[51]

En su monumental Historia general de Indias, De las Casas vapulea el nombre de Vespucio y niega sus logros, en vista de lo que considera:

  • (...) un largamente premeditado plan de Vespucio para conseguir que el mundo le reconociera como descubridor de la mayor parte de las Indias.[51]

Otro ejemplo de su vehemente invectiva:

  • Maravíllome yo ­ de don Hernando Colón, hijo del mismo almirante, que siendo persona de muy buen ingenio y prudencia y teniendo en su poder las mismas navegaciones de Amérigo, como lo sé yo, no advirtió en este hurto y usurpación que Amerigo Vespucio hizo a su padre.[8]

Fray de Espinosa, en una obra de 1623 resume el pensamiento de la época sobre el navegante:

  • (...) como dice el doctísimo D. Juan de Solórzano, Oidor meritísimo del Consejo de Indias, de Indiarum iure, fol. 38 y 39, lib. 1, ca. 4, por todo él, refiere deberse llamar Colonia de Colon, y no América. Y no sé yo con qué fundamento se la haya usurpado Américo Vespucio, pobre marinero, que ni pasó a aquellas partes de los primeros, ni hizo cosa notable para que su nombre quedase eternizado con la gloria de semejante descubrimiento, pues él no fue quien lo hizo.[52]

El eminente historiador escocés del siglo XVIII, William Robertson en su Historia de América llama a Vespucio "un feliz impostor".[8]

En su Corografia Brazilica de 1817 el geógrafo portugués Manuel Ayres de Cazal afirma:

  • (...) parece increíble que el rey Don Manuel mandase buscar fuera del reino a un navegante para ir en una escuadra suya a un país adonde ya habían ido y vuelto navíos suyos gobernados por pilotos de sus reinos.
  • (...)
  • (...) [Vespucio] dejó a la posteridad tres relaciones en dos cartas y un sumario, que substancialmente no pasan de otras tantas meras invenciones encaminadas a exaltar su propio nombre y a ser reconocido por sus compatriotas por descubridor del hemisferio occidental.[8]

El historiador español Martín Fernández de Navarrete hacia 1830 escribe en una carta a un colega suyo:

  • Si hay noticias [de Vespucio] desde 1496 a 1505 especialmente, convendría mucho, para seguirle el rastro y saber si, en efecto, estuvo en los dos viajes con Alonso Hojeda, porque ciertamente él no los hizo con mando propio y orden del rey, como lo supone y finge en sus relaciones latinas (sic), que divulgó por todas partes para usurpar a Colón la gloria del descubrimiento del continente que, por su astucia, logró darle del suyo, el nombre de América.[53]

El matemático, astrónomo y periodista Duarte Leite en su obra Descobridores do Brasil manifiesta una opinión particularmente despectiva:

  • Este personaje fatuo no pasa de ser un novelista mentiroso, navegante como los había a montones, cosmógrafo que repetía ideas de otros, falso descubridor que se apropió de glorias ajenas. A pesar de esto, consiguió impresionar a generaciones de hombres cultos que se desvelaron tratando de interpretar fantasías y dar sentido a sus disparates.[54]

En los Estados Unidos la mala reputación de Vespucio persistió durante el siglo XIX. En el pináculo del infundio, el poeta Ralph Waldo Emerson escribió en 1856:

  • Extraño...que toda América deba llevar el nombre de un ladrón. Américo Vespucio, el vendedor de encurtidos de Sevilla, quien zarpó en 1499 como subalterno de Hojeda y cuyo mayor rango naval fue el de segundo contramaestre en una expedición que nunca navegó, se las arregló en su mundo de embustes para suplantar a Colón y bautizar la mitad de la Tierra con su nombre deshonesto.[51]

En Inglaterra, Sir Clements Markham, editor de las cartas de Vespucio en inglés, escribió en 1894 un categórico juicio:

  • La evidencia en contra de Vespucci es abundante y bastante concluyente. Su primer viaje es una fabulación. No puede ser absuelto de la intención de apropiarse para sí de la gloria de haber descubierto el continente. El imparcial y honesto [Bartolomé de] las Casas, tras sopesar cuidadosamente la evidencia, lo encontró culpable. Este veredicto ha sido y continuará siendo confirmado por la posteridad.[55]

Las falsedades en torno a su figura persisten hasta nuestros días: en la Compton's Encyclopaedia de 1985, publicada por una división de la Enciclopedia Británica bajo asesoramiento de la Universidad de Chicago, Vespucio es descripto como "an unimportant Florentine merchant" ("un mercader florentino de poca importancia").

Concepción moderna

Durante la primera mitad del siglo XX los estudiosos descubrieron nueva evidencia que empezó a disipar la nube de mitos y concepciones erróneas que durante siglos oscurecieron la imagen de Vespucio. En 1924 el erudito italiano Alberto Magnaghi estudió minuciosamente los dos documentos precitados y los juzgó como efectivamente apócrifos; en su opinión el primero constituye una yuxtaposición de esquelas anteriores más varias alteraciones realizadas con cierta habilidad, y el segundo una falsificación casi total; sin embargo, en su concepción, es la correspondencia privada a Pierfrancesco la que sí ofrece evidencias auténticas e invaluables. Magnaghi desecha entonces la existencia del primer y cuarto viaje de Vespucio, aduciendo que existen pruebas sólidas de que nunca fueron realizados. Sin embargo le reconoce el descubrimiento del Río de la Plata y de la Patagonia oriental hasta los 50 grados sur.[56] El historiador estadounidense Frederick J. Pohl arribó a similares conclusiones en 1944. La historiografía de mediados del siglo XX tiende a apoyar la tesis de estos especialistas.[57]

El académico argentino Enrique de Gandía también atribuye a Vespucio el descubrimiento del Plata, la costa patagónica y las Islas Malvinas, aunque afirma que el navegante realizó cinco viajes en total.[58] [59]

El gran historiador uruguayo y especialista en cartografía Rolando Laguarda Trías, en su trabajo titulado El hallazgo del Río de la Plata por Américo Vespucci en 1502 analiza detalladamente el texto de Mundus Novus, la Lettera y la mencionada carta de Bartolozzi, que contiene un breve relato sobre el tercer viaje de Vespucio. En coincidencia parcial con los investigadores mencionados, concluye que:

  • La primera expedición portuguesa que llegó y penetró en el Río de la Plata fue aquella de la que formaba parte Vespucci un año después del descubrimiento del Brasil por Álvares Cabral (...).[60] La expedición de la que formaba parte Vespucci recorrió las costas orientales de América meridional hasta el grado 50 de latitud estimada, que corresponde a 45 de latitud real.

En otra obra de su autoría, Pilotos portugueses en el Río de la Plata durante el siglo XVI añade:

  • Desgraciadamente, de la expedición de 1501-1502 no se dispone, exceptuando Vespucci, de los nombres de ninguno de los tripulantes —incluido el del jefe— y por ello nos son desconocidos los de los tres pilotos de aquella inmortal navegación, todos portugueses (...)[61]

Mundus Novus

Después de la muerte de Lorenzo di Pierfrancesco, todos sus bienes fueron repartidos entre sus herederos; las cartas escritas por Américo no fueron una excepción;[62] sus descripciones de las tierras allende el Atlántico se hicieron públicas de alguna manera y resultaron tan fascinantes para los florentinos que un grupo de editores decidió distribuirlas por toda Europa.[63] El resultado, que lleva por nombre Mundus Novus, circuló desde 1503 en forma manuscrita primero por Florencia y luego por Alemania y Francia, hasta que el arquitecto veronés Giovanni del Giocondo la tradujo al latín y la publicó en París en agosto de 1504. En estos años Francia y Florencia se hallaban en guerra abierta contra el rey Fernando de Aragón, que intentaba imponer su hegemonía en la península italiana. Luego se hicieron otras copias latinas en Florencia y Habsburgo en la imprenta de Johannes Omar Vindelice, que reemplazaron a los manuscritos en italiano. Le siguieron traducciones al alemán y al holandés. En 1507 Fracanzio de Montalbodo retradujo al italiano el texto latino y tituló su trabajo Paesi novamente retrovati et Novo Mondo da Alberico Vesputio florentino intitulato. Esta versión italiana fue tan popular que Archangelo Madrignano la volvió a traducir al latín y la publicó en Milán en 1508.[8]

Mundus Novus contiene datos parcialmente correctos pero escritos en forma confusa: está formado por trozos de correspondencia de 1501 y 1502 provenientes de epístolas de Américo a Lorenzo originadas en Cabo Verde y Lisboa, respectivamente, mezclada con ediciones de terceros.[64] Éstos evidentemente no conocían el viaje del florentino al servicio de Castilla, pues el texto afirma describir un "primer viaje", pero en otra página el supuesto Vespucio dice haber hecho "otros dos viajes".[64] Las contradicciones de este calibre son frecuentes y muchas veces empeoradas por el encadenamiento de traducciones y manipulaciones; por ejemplo existe una edición que contiene un párrafo llamado "Jocundus" derivado del apellido de Giovanni Giocondo, su traductor, donde se sostiene que la determinación de la latitud en base a la posición de las estrellas es una "audacia sacrílega", denotando la concepción dogmático-religiosa de quien redactó esta porción del documento y su desconocimiento de técnicas elementales de navegación marítima.[65]

La Lettera

La sexta carta —probablemente otra falsificación— fue escrita un mes después de la Mundus Novus, el 4 de septiembre de 1504.[65] Habitualmente abreviada Lettera o Los cuatro viajes, fue supuestamente dirigida a Piero Soderini, primer magistrado de Florencia en suceder al dominio Médici y compañero de estudios de Américo (Lorenzo di Pierfrancesco había muerto un año atrás). Sería en realidad obra de un Soderini envidioso de que Vespucio hubiera escrito numerosas cartas a Lorenzo sobre el nuevo continente, y en cambio no le hubiera enviado a él reporte alguno, a pesar de que ya entonces poseía el cargo de nuevo gonfaloniere vitalicio, lo que lo incomodaba políticamente.[66] Pohl argumenta que en realidad Américo jamás hubiera podido escribir esta carta a Soderini pues la familia Vespucio estaba enemistada con el magistrado, al punto de que para esa época varios de sus miembros se hallaban implicados en un complot para asesinarlo. El mismo sobrino y discípulo de Vespucio, Giovanni, estaba entre los conspiradores.[67] Fue impresa probablemente en Florencia en 1505 en italiano. De ese idioma se tradujo al francés y al latín. En esta última edición formaba un librito de 32 hojas.[8] No se conserva el original del texto.[cita requerida]

Según Pohl, la Lettera fue escrita con la infantil presunción de que, para superar la espectacularidad de los cuatro viajes de Colón, Vespucio también tendría que haber hecho cuatro exploraciones.[66] El escrito afirmaba que el primer viaje se había iniciado en 1497 desde Andalucía, lo que le habría dado a Américo el título de primer europeo en pisar la masa continental americana, un año antes que Colón. El segundo viaje, seguía el texto, había ocurrido en 1499; coincide con la empresa real que Vespucio había realizado bajo bandera de Castilla. De igual manera, el tercero no es otro que el auténtico viaje contratado por Portugal, en el que había zarpado en 1501. Por último, la carta sostenía que el cuarto viaje había acontecido en 1503, también organizado por el rey lusitano.

Pohl argumenta que el primer viaje descrito en esta carta nunca ocurrió pues en mayo de 1497 Vespucio se encontraba en Sevilla ocupado en los trámites de sucesión de Berardi, su socio comercial recientemente fallecido. Además, en distintos lugares de la Lettera resulta evidente un conflicto en la fecha de regreso a puerto del supuesto Vespucio: un párrafo menciona el 8 de octubre de 1498, mientras que otro lo desplaza al 18 del mismo mes y un tercero lo lleva a un año después, el 1º de octubre de 1499.[68]

Los primeros textos de la Lettera contienen gruesos errores lingüísticos, e incluyen vocablos que no son sino corrupciones de términos que eran mezcla de castellano e italiano, lo cual es difícil de explicar en alguien que, como Vespucio, gozó de una educación de privilegio. En realidad —sigue Pohl— sus redactores agregaron y describieron en detalle gran cantidad de elementos fantásticos en sus fabricaciones de las exploraciones del florentino, con el fin de generar aún más curiosidad en los lectores y aumentar el éxito de las ventas. En contraste, las cartas de Vespucio a Lorenzo eran relativamente frías, desapasionadas y objetivas.[69] Pohl destaca la particularidad de que la Lettera nunca fue publicada en España o Portugal posiblemente debido a que allí la población estaba más familiarizada con la historia real; por el contrario, la impresión se limitó a Francia, Italia, los Países Bajos y Alemania, donde el relato se esparciría rápidamente entre los desprevenidos.[70]

Como se ha dicho, estas supuestas epístolas también sitúan a Vespucio en el rol de primer europeo en desembarcar en la parte continental del Nuevo Mundo, con un año de anterioridad a Colón. Fueron publicadas en un período en el que el hijo de Colón, Fernando, se hallaba ocupado en procedimientos legales sobre los títulos prometidos a su padre como descubridor, por lo que cualquier eventual intento de Vespucio por reclamar esos territorios lo habría indignado; sin embargo entre las cartas de Fernando no hay mención de la Lettera ni sobre las reclamaciones de Américo. Pohl concluye que en la España de la época debía ser un hecho conocido que los documentos eran una falsificación y que por lo tanto carecían de valor legal.

Exploraciones

Primer viaje (1497-1498/1499?)

Según la Lettera, el primer viaje de Vespucio[71] habría tenido lugar en 1497. No se cita el nombre del comandante de la flota, habiendo sido evocados los de Juan Díaz de Solís, Vicente Yáñez Pinzón y Juan de la Cosa por diversos historiadores. Tras zarpar el 10 de mayo de 1497 con cuatro carabelas, siempre según la Lettera, única fuente de este supuesto viaje, se dirigieron a las Islas Canarias, luego navegaron hacia las Islas de la Fortuna, tras lo cual enderezaron el curso hacia occidente. Pasaron sin ver las Islas Vírgenes, cruzando el mar de los caribes. Después de veintisiete o treinta y siete días de viaje, tocaron tierra firme en un punto a 16 grados norte y 75 grados oeste,[72] donde fueron bien recibidos por los nativos con fiestas y magníficas comidas; les ofrecieron además variados obsequios materiales e incluso sus propias mujeres. Al continuar navegando hacia el noroeste pudieron determinar que el Catay de Colón era sólo una isla. Tiempo después la flotilla entró en el golfo de México y torció hacia el noreste, recorriendo casi toda la costa este de los Estados Unidos hasta el golfo de San Lorenzo. Después de librar una batalla con los nativos, decidieron regresar a Castilla, mediante escala en la Isla de Iti, donde nuevamente entraron en lucha con los indígenas, tomando prisioneros. Arribaron a Cádiz en octubre de 1498 ó 1499 (la Lettera es contradictoria sobre la fecha concreta).[8]

La Lettera describe la sorpresa de Vespucio ante lo que parecen ser iguanas o pequeños caimanes, animales ya bien conocidos en la península ibérica desde el primer viaje de Colón:

  • Asaban un cierto animal que parecía una serpiente, salvo que no tenía alas, (sic) y de aspecto tan feo que nos maravillábamos mucho de su deformidad. Caminamos así por sus casas o mejor cabañas, y encontramos muchas de esas serpientes vivas que estaban amarradas por los pies y tenían una cuerda alrededor del hocico, que no podían abrir la boca, como se hace a los perros alanos para que no muerdan; tenían tan fiero aspecto que ninguno de nosotros se atrevía a tocarlas, pensando que eran venenosas; son del tamaño de un cabrito y de braza y media de longitud; tienen los pies largos y gruesos y armados de fuertes uñas; la piel dura y de diversos colores; el hocico y la cara de serpiente y de la nariz sale una cresta como una sierra, que les pasa por medio del lomo hasta la punta de la cola; en conclusión, juzgamos que eran serpientes, y venenosas, y se las comen.[8]

Gran parte de los historiadores piensa que este viaje es una invención posterior ajena a Vespucio, cuyo relato incluye partes verídicas del auténtico viaje de 1499 a las órdenes de Alonso de Ojeda. Sobre su muy probable falsedad, existen pruebas adicionales a las suministradas por Pohl: hacia mediados del siglo XIX fueron descubiertos unos documentos del Libro de Gastos de la Armada de España en los que figura que el 12 de enero de 1496, el tesorero real había pagado la suma de diez mil maravedíes a la empresa que administraba Vespucio, en concepto de adelanto por el equipamiento de una expedición que partió el 3 de febrero y que zozobró tres semanas más tarde.[73] [74] El registro escrito parece demostrar también que entre 1497 y 1498 Vespucio se encontraba extremadamente ocupado con los preparativos de la tercera expedición de Colón.[7]

Otros académicos, como el colombiano Germán Arciniegas, creen en cambio que fue real y se apoyan principalmente en la evidencia cartográfica inmediatamente posterior a 1499 (Mapamundi de Juan de la Cosa de 1500, Planisferio de Cantino de 1502), en donde ya aparece todo el perfil del golfo de México, se insinúa la península de La Florida y se desprende a Cuba de la masa continental. Entre las fechas citadas no hay viajes intermedios[75] que puedan explicar el nuevo conocimiento geográfico; estos hallazgos son habitualmente reconocidos a las muy posteriores expediciones de Juan Ponce de León (1515) y Francisco Hernández de Córdoba (1517). En todo caso, este nuevo perfil costero no aparece en la mayoría de los mapas contemporáneos del viaje y vuelve a desaparecer incluso en varios posteriores.[8]

Segundo viaje (1499-1500)

El 16 ó 18 de mayo de 1499,[76] Vespucio partió de Cádiz acompañado por Juan de la Cosa, en una expedición al mando de Alonso de Ojeda en la que viajaba en rol de astrónomo y mercader.[77] Lo acompañaban nombres que se harían famosos en la historia de la navegación: Diego Martín Chamorro, Juan Sánchez, José López y Francisco Morales.[8] La expedición contaba con tres o cuatro barcos en total: a Vespucio se le asignaron dos y la libertad de dirigirse adonde estimara necesario, con la única condición de que Ojeda diera su permiso. Tras partir se encaminaron a las islas Canarias y de allí navegaron durante 24 días hasta ver tierra, recorriendo a continuación el margen septentrional de Sudamérica.

Avanzó hasta el Cabo de San Agustín (también llamado Consolación), a unos 6º de latitud[78] sur; creyó allí estar cerca de una ruta a Asia. En junio de 1500, tras avanzar dos grados más, decidió retornar a Europa porque su tripulación se encontraba cansada y deteriorada anímicamente, tomando primero la ruta al Caribe por la costa: allí exploró la desembocadura del Río Amazonas.[79] Alcanzó la Isla Trinidad, avistó las desembocaduras de los ríos Esequibo y Orinoco y exploró éste último con algún detenimiento. Atravesó el Golfo de Paria, pasó por la Isla Margarita y luego por la que llamó "De los Gigantes" (actual Curaçao), donde intentó raptar a una joven para llevarla a Castilla como muestra y fracasó debido a la resistencia de los pobladores.[80] El nombre de Venezuela históricamente se ha atribuido a Vespucio, que habría acompañado a Alonso de Ojeda en esta expedición de 1499 por la costa noroccidental del país, hoy conocida como Golfo de Venezuela. La tripulación observó las viviendas aborígenes erigidas sobre pilotes de madera que sobresalían del agua construidas por los indígenas añú. Dichas viviendas, que llevaban el nombre de palafitos, recordaron a Vespucio la ciudad de Venecia en Italia ("Venezia" en italiano), lo que le inspiró a dar el nombre de Venezziola o Venezuela (Pequeña Venecia) a la región. Durante todo este derrotero tomó anotaciones de la fauna y flora; describió asimismo el aspecto y las costumbres de los nativos; en Cubagua intercambió baratijas por perlas y otros tesoros de los aborígenes. Al mes siguiente arribó a La Española.

Prosiguió hacia las Lucayas para capturar esclavos. Estaba aún convencido de estar navegando por el extremo oriental de Asia, en donde Ptolomeo creía que existía una península en la que se ubicaba el mercado de Catigara. Buscó entonces el extremo de esta prolongación de tierra, al que llamó "Cabo Catigara". Creía que pasado este punto hacia el sur se alcanzaba el gran mar que bañaba las costas meridionales asiáticas.[51]

Al retornar a puerto, enfermo de malaria, Américo escribió su primera carta a Lorenzo di Pierfrancesco, en la que detallaba su ruta a través del Océano Atlántico, las civilizaciones y culturas que encontró, la vida animal y vegetal que vio, y describió las estrellas que usó como guía para la navegación.[81] Sus hallazgos fueron recibidos con decepción, pues el navegante portugués Vasco da Gama había encontrado entre tanto la tan esperada ruta hacia el este asiático rodeando África por el sur.

Observaciones astronómicas

En su carta del 18 de julio de 1500, Vespucio da varias informaciones astronómicas de interés recopiladas según él durante este Segundo Viaje. En primer lugar menciona que tras rebasar el trópico de Cáncer pudieron observar varias veces el fenómeno del sol cenital, bien conocido por los navegantes del siglo XV.

  • Navegamos tanto hacia la parte del mediodía que entramos en la zona tórrida y dentro del círculo de Cáncer: y habéis de tener por cierto que en pocos días, navegando por la zona tórrida hemos visto las cuatro sombras del Sol, por cuanto el sol se hallaba en el cenit a mediodía
  • Carta del 18 de julio de 1500.

Indica también que llegaron hasta una latitud de 6ºS, perdiendo de vista la Estrella Polar. La navegación por estas latitudes no tenía nada de extraordinario en la época ya que, por ejemplo, Bartolomé Díaz había alcanzado los 34ºS del Cabo de Buena Esperanza ya en 1488. La determinación de la latitud al sur del ecuador tampoco revestía mayores problemas, realizándose mediante la medida de la altura del Sol y la corrección con la analema, igual que en el hemisferio norte.

  • Tanto navegamos por la zona tórrida hacia la parte del austro, que nos encontramos bajo la línea equinoccial, y teniendo un polo y el otro a final de nuestro horizonte, y la pasamos por seis grados perdiendo totalmente la estrella tramontana
  • Carta del 18 de julio de 1500.

Vespucio afirma que buscó sin éxito un equivalente en el sur de la Estrella Polar del hemisferio norte. Su mejor candidata parece haber sido un grupo de cuatro estrellas que formaban "como una almendra", lo cual le dio pie para recordar en la carta unos versos de Dante que él consideró premonitorios:

  • Y a la derecha vuelto, alcé la mente al otro Polo, y vide cuatro estrellas que sólo vio la primitiva gente.
  • ¡Qué alegre el cielo de sus chispas bellas! ¡Oh viudo Septentrión que estás privado eternamente de la vista de ellas!
  • Carta del 18 de julio de 1500.

Contrariamente a la latitud, el cálculo de la longitud sí que entrañaba grandes dificultades en el siglo XV. Américo, según cuenta en su carta, aplicó durante este viaje un método innovador para determinarla basándose en las tablas astronómicas que predecían las horas de las conjunciones de la Luna con los planetas. Su idea fue medir la hora exacta de la conjunción de la Luna con Marte y compararla con las predicciones de las mencionadas tablas. La diferencia en horas entre los dos valores sería igual a la distancia en grados entre el meridiano de referencia y la longitud del observador.[83] Obtuvo así en la noche del 23 de agosto de 1499 un valor de longitud de 82,5º al oeste del meridiano de Cádiz.

  • En cuanto a la longitud digo, que para conocerla encontré tanta dificultad que tuve grandísimo trabajo en hallar con seguridad el camino, que había recorrido siguiendo la línea de la longitud, y tanto trabajé que al fin no encontré mejor cosa que observar y ver de noche la posición de un planeta con otro, y el movimiento de la Luna con los otros planetas porque el planeta de la Luna es más rápido en su curso que ningún otro, y lo comprobaba con el Almanaque de Giovanni da Monteregio, que fue compuesto según el meridiano de la ciudad de Ferrara, concordándolo con los cálculos de la Tablas del Rey Don Alfonso: y después de muchas noches que estuve en observación, una noche entre otras, estando a veintitrés de agosto de 1499, en que hubo conjunción de la Luna con Marte, la cual según el Almanaque debía producirse a media noche o media hora antes: hallé que al salir la Luna en nuestro horizonte, que fue una hora y media después de puesto el Sol, el planeta había pasado a la parte de oriente, digo, que la Luna se hallaba más oriental que Marte cerca de un grado y algún minuto más, y a la media noche se hallaba más al oriente 15 grados y medio, poco más o menos, de modo que hecha la proporción, si 24 horas me valen 360 grados, ¿qué me valdrán 5 horas y media?, encuentro que me valen 82 grados y medio, y tan distante me hallaba en longitud del meridiano de la ciudad de Cádiz, que asignando a cada grado 16 leguas, me encontraba 1,366 leguas y dos tercios más al occidente que la ciudad de Cádiz, que son 15,466 millas y dos tercios. La razón por la cual asigno a cada grado 16 leguas y dos tercios es porque según Tolomeo y Alfagrano, la tierra tiene una circunferencia de 24.000 [millas] que valen 6.000 leguas, que, repartiéndolas en 360 grados, corresponden a cada grado 16 leguas y dos tercios, y esta proporción la comprobé muchas veces con el punto de los pilotos, encontrándola verdadera y buena.
  • Carta del 18 de julio de 1500.

Vespucio no da ninguna indicación sobre el territorio en que se encontraba ese 23 de agosto de 1499. Según el investigador Rolando Laguarda, la expedición de Vespucio podría haber estado frente al Cabo de la Vela (actual Colombia).[84]

Algunos historiadores, principalmente Pohl, han dado a esta observación astronómica una gran relevancia en la historia de los viajes marítimos.[85] La escena fue inmortalizada a finales del siglo XVI por el pintor Jan van der Straet, que representó a Vespucio midiendo la posición de la Cruz del Sur. Esta constelación ya había sido divisada por otros muchos marinos europeos y también había sido conocida por los griegos antiguos pero la precesión celeste la había terminado ocultando detrás del horizonte europeo. Sin embargo, en la carta de Vespucio no se menciona ninguna cruz celeste sino cuatro estrellas "como una almendra". Además en la fecha y latitud indicadas las estrellas de esta constelación no se habrían encontrado formando una cruz.[86]

Años después, cuando se desempeñaba a las órdenes de la corona de Portugal, Vespucio envió un reporte detallado de su innovación al rey Manuel I, que se rehusó a hacerlo público; como consecuencia, el conocimiento de este método se perdió pocos años después de la muerte del navegante.[83]

Cuando estas investigaciones finalmente vieron la luz, causaron sensación. El capitán James Cook, dos siglos después, dijo:

  • El método de la distancia lunar desde el sol o las estrellas es el más invaluable descubrimiento que el navegante pudo haber realizado jamás, y deberá preservar en la inmortalidad la memoria de su primer descubridor.

Tercer viaje (1501-1502)

El rey Manuel I de Portugal envió una escuadra de exploración al Brasil para investigar sobre los territorios descritos por Pedro Álvares Cabral. Vespucio cubrió el puesto de oficial de navegación, lo que subraya el prestigio del que debía disponer ya por entonces para ser aceptado en la flota del país más adelantado de toda Europa en ciencia náutica y cosmografía.[8]

No se conocen los nombres de los líderes de la empresa; algunos autores consignan al marino Gonzalo Coelho como su máxima autoridad.[8]

El 31 de mayo de 1501,[87] la expedición izó velas con el propósito principal de encontrar el estrecho de Catigara, al que Ptolomeo había creído que conducía a Asia.[23] Vespucio se convertiría entonces en el primer hombre al servicio de Portugal en cruzar el Atlántico hacia el sudoeste.[23] Pasaron por las Islas Canarias sin detenerse, llegaron a Bezeneghe (actual Dakar) y luego se dirigieron a las islas del Cabo Verde. Tras una breve estadía allí, la flotilla inició el 15 de junio el cruce del Atlántico. Este trayecto fue muy penoso y demoró más de sesenta días en atravesar la parte angosta del océano, cuando Colón había tardado solamente treinta y siete en cruzar la parte ancha:

  • Desde el promontorio de Cabo Verde hasta el principio del continente hay cerca de 700 leguas, aunque yo estimo que navegamos más de 1800.

Vespucio atribuyó estos inconvenientes a la impericia del comandante de la flota.[8]

A principios de agosto arribaron al Brasil, en algún punto entre Ceará y Río Grande do Norte.

Navegaron a lo largo de la costa de Sudamérica, primero reavistando el Cabo de San Agustín (28 de octubre); luego continuarían nombrando los accidentes geográficos a la usanza de la época, en base al santoral católico: el cabo de San Roque (16 de octubre); la Bahía de Todos los Santos (1º de noviembre); el río de Santa Lucía (13 de diciembre); etc. El 1º de enero de 1502 arribaron a la Bahía de Guanabara en Río de Janeiro.[88]

El 15 de febrero, al alcanzar la latitud aproximada de 25º 35` S, que en la costa representaba el límite de las jurisdicciones de Portugal y de Castilla y Aragón, se produjo una discusión entre los navegantes sobre la ruta a seguir. Vespucio consideraba fundamental el continuar revelando la extensión del Nuevo Mundo hacia el sur, mientras que el comandante opinaba lo contrario, en vista de la ilegalidad del acto. Finalmente el florentino se impuso y el comandante le cedió el mando: Américo comandaría una flota por primera y única vez en su vida;[8] basados en la crónica del historiador contemporáneo de Vespucio, Francisco López de Gómara, algunos eruditos sugieren la existencia de instrucciones privadas del rey Manuel con las que Américo hizo prevalecer su postura. Éstas supuestamente incluían la orden de buscar en las costas australes un paso para las Molucas.[89]

El padre Ayres de Cazal menciona el hallazgo en un punto costero a 25º 35` S (referido como la entrada del "río Cananea", nombre acuñado con posterioridad a Vespucio) de una pieza de mármol de 80 por 40 por 20 centímetros enclavada en el suelo y esculpida con el escudo de armas de Portugal. Magnaghi cree que la columna sólo pudo ser puesta por la expedición de Vespucio de 1502. Se trata del mismo lugar donde se celebró la junta que decidió si se continuaría el viaje a través de los dominios castellano-aragoneses.[90] [91]

Prosiguió entonces hasta casi el extremo sur del continente, probablemente descubriendo el Río de la Plata (hacia febrero o marzo de 1502) y a continuación la Patagonia, en la actual Argentina.[92] Algunos especialistas consignan que también pudo haber descubierto buena parte del Estrecho de Magallanes, las Islas Malvinas y las Georgias del Sur.[8] Al moverse bajo la latitud del Plata, superó la meridionalidad que Vasco da Gama y Álvares Cabral habían alcanzado al dar la vuelta al Cabo de Buena Esperanza.[8] Durante todo el trayecto hizo numerosas observaciones astronómicas y apuntó la ocultación de la Osa Mayor y de la menor por debajo del horizonte en los cuatro meses y veintiséis días en los que permaneció al sur del trópico de Capricornio. Descubrió también muchas estrellas invisibles desde los cielos europeos. Tomaba los datos de las esferas celestes para escribir un libro, que jamás publicó:

  • Observé el maravilloso artificio de sus movimientos, y su grandeza, tomando el diámetro de sus círculos y dibujándolas con figuras geométricas, y anoté otros movimientos de los cielos. Escribir de esto sería peligroso. Todas las cosas notables de este viaje que me ocurrieron, las he reunido en una obrita mía. Cuando esté en sosiego me ocuparé de ella y así dejaré de mí, después de mi muerte, alguna fama.

Finalmente emprendió el regreso a puerto: arribó a la costa de la actual Sierra Leona el 10 de mayo de 1502; incendió una de sus naves, que se encontraba en pésimo estado y permaneció en tierra por espacio de quince días. Continuó hacia las Islas Azores, a donde llegó a fines de julio. Allí estuvo otra quincena; volvió a Lisboa el 7 de septiembre de 1502.

Nace un nuevo continente

Durante este viaje Vespucio se percató de que no estaba recorriendo la costa de Asia[94] ni la de ningún territorio cartografiado hasta ese momento: había encontrado un nuevo continente.[95] El navegante fue advirtiendo una a una las inconsistencias entre las nociones aceptadas de la geografía y lo que se le presentaba a los ojos:

  • Había descubierto un nuevo continente de la única forma de efectuarlo en aquella época: mediante una exploración exhaustiva unida a un sólido proceso deductivo y en consonancia con una notablemente precisa idea de la circunferencia de la Tierra.[96]

Vespucio llevó el conocimiento geográfico a un nuevo nivel: estableció que tenía que existir otro océano al que había que atravesar para llegar realmente a Asia.[97]

En ocasión de su breve visita a Cabo Verde escribió a Lorenzo Pierfrancesco describiendo la belleza de las nuevas tierras, sus habitantes y su propio interés por determinar su cultura; y cómo esto lo decidió a quedarse por espacio de veintisiete días para estudiar este fascinante ambiente nuevo.[98] Al regresar a Portugal volvió a escribir a su protector, y fue aquí donde por vez primera aparece su afirmación de que, en base a la colosal extensión de las tierras, el volumen de los ríos y la variedad de sus pobladores,[99] estaba seguro de haber descubierto un nuevo continente. Esta conclusión se hizo pública rápidamente y causó sensación en Europa, convirtiéndolo de inmediato en una celebridad.[100]

Durante esta travesía Américo se apropió de otra proeza científica: en 1501 calculó la circunferencia terrestre sobre el ecuador en 39.995,417 km. La medición actual arroja 40.075,884 km.[51] O tal vez, simplemente, conocía los cálculos realizados siglos antes por Eratóstenes.

El Río de la Plata

Si bien no ha sido encontrado ningún escrito de Vespucio en el que describa sin ambigüedad los territorios orientales del sur de América, gran cantidad de prestigiosos investigadores han presentado evidencia cartográfica que tiende a apoyar la idea de que, efectivamente, el navegante pudo haber alcanzado latitudes mucho mayores de la que figuran en los pocos textos supervivientes. Existe un obstáculo adicional en su correspondencia privada: de su primer carta a Lorenzo de Pierfrancesco se desprende que su derrotero siguió el margen continental; pero en la Fragmentaria dice que torció el rumbo a los 32° y se dirigió hacia el este, dejando la costa fuera de su vista. Por ello aquellos que hasta el siglo XIX daban al navegante alguna credibilidad suponían que el final de su travesía debía situarse en el África occidental. La interpretación moderna, en cambio, niega la autenticidad del cambio de dirección y opina que en esta última epístola se evidencia el vestigio de una manipulación política con el fin de ocultar sus actividades y descubrimientos a sus competidores europeos: los portugueses acostumbraban modificar las relaciones de las rutas navieras y el dibujo de los mapas que podían salir del reino, y desde 1504 el rey Manuel I prohibió reproducir en la cartografía el derrotero de las flotas que se dirigían a La India más allá del Río Congo, y estableció medidas para mantener un estricto control de la cartografía oficial.[101] [102]

Casi toda la evidencia cartográfica desmiente que el viraje haya tenido lugar:[8] por ejemplo, el mapa Kunstmann II, preservado en la Biblioteca del Estado Bávaro de Múnich,[103] es sin lugar a dudas el más completo de los coetáneos a los viajes vespucianos. No hay consenso sobre su autor o su origen: aunque suele presentarse como portugués, tal vez provenga de Italia. La mayor parte de los especialistas, como Peschel, Ruge, Kretschmer, Nordenskiöld, Uzielli. Köhl, Orville-Derby, Winter, Almagiį, Magnaghi, Sanz y Levillier lo datan en 1502. Otros arriesgan otras fechas: Stevenson, en 1503; Duarte Leite y Harrisse, en 1506; Laguarda Trías, en 1504.[104]

Levillier sugiere que este mapa proviene de Vespucio: o bien es su diseño personal, o al menos es su fuente directa de información. Se apoya en una serie de observaciones muy sugerentes:

  • Sobre el Brasil aparece dibujado un hombre siendo asado por indígenas, lo que corresponde a una narración de Vespucio sobre un hecho real sufrido por uno de los miembros de su tripulación;
  • La abundante nomenclatura del litoral, en la que se distinguen 37 topónimos (23 en tierra brasileña), coincide casi plenamente con la asignada durante la expedición vespuciana de 1501-1502;
  • Es el primer mapa que seńala el gran Río Jordán, que según Levillier era el nombre antiguo del Río de la Plata.[8] Aparece también el nombre Río Cananor,[105] [106] actualmente el Camarones en la bahía homónima (reaparece en la cartografía de Waldseemüller de 1513 y 1516),[8] y el Pinaculo Detentio, identificado como el cerro de Montevideo.[8]

En este mapa (y también en el Caverio), entre los pocos nombres que Vespucio habría inscrito al oeste del límite de la jurisdicción portuguesa, aparece una gran bahía, golfo o estuario a 34-35 grados sur (la latitud del Río de la Plata), con la leyenda "Rio Iordan" o "Rio iordam".

Durante los veinticinco años siguientes este topónimo es reemplazado en todos los demás mapas por la variante "Río Jordán", siempre asociada al "Río de Solís" (es decir el Río de la Plata): Castiglione (1526-1527), Salviati (1526-1527), Maggiolo (1519 y 1527), Ribero (1527). En los mapas confeccionados por la Casa de Contratación de Sevilla aparece "iordá" (Mártir de Anglería, 1520-1526), "Rio Iordã" (Ribero, 1929), "R.Iorà" (Oroncio Fineo, 1531) y "R.Iordã" (Oroncio Fineo, 1536).

No se conserva ningún documento en la península ibérica que mencione el significado de la inscripción, aunque existe un intento de explicación muy difundido, fundamentado en estudios caligráficos de las formas dominantes de la época, que intenta explicar el enigma: los indígenas de la cuenca del Plata llamaban al Río con la voz tupi-guaraní "Pará-n-áãn", cuya última parte probablemente se incorporó a la toponimia portuguesa como "dos ao" y a la española como "de aos" (así aparece en la "Memoria" que Diego García de Moguer dictó en Sevilla en 1530). La hipótesis relaciona las voces "de aos" y "dos ao" con "iordam", atribuyéndolas a un error de transcripción de los cartógrafos de Lisboa que tuvieron a su cargo la copia de las cartas vespucianas de la expedición de 1501-1502.[107] [108]

Existen otros documentos que aportan pruebas adicionales: en un antiguo mapamundi conservado en la Biblioteca de Palermo se lee: "Questo rio della Plata cioè fiume d'Argento fu scoperto da Amerigo Vespuccio fiorentino l'anno 1501" ("Este Río de la Plata, o también Río Argénteo fue descubierto por el florentino Américo Vespucio en el año 1501"). Una probanza posterior al año 1526 afirma: "Hunc argenteum fluvium primus Americus Vespuccius intravit anno 1501" ("Este río de plata fue avistado por primera vez por Américo Vespucio en el año 1501").

Otros descubrimientos

En un exhaustivo estudio filológico y cartográfico sobre el nombre Cananor de los mapas europeos del período 1503-1590, Levillier concluye que efectivamente Vespucio llegó al menos hasta la latitud de 45 grados sur. Se trata del último topónimo aplicado por el navegante, lo que sugiere que durante el resto del viaje se alejó de las costas.[8]

Como evidencia adicional, toda la cartografía hecha con anterioridad a los viajes de la Newen Zeitung (1514), Juan Díaz de Solís (1515-1516) o Fernando de Magallanes (1519-1522), solo pudo haber sido confeccionada sobre la base de los datos suministrados por Vespucio. Muchos de estos mapas muestran el extremo meridional de Sudamérica hasta los 50 ó 55 grados de latitud sur.[8]

En particular, Arnaud se detiene en el mapa de Piri Reis, que parece mostrar no sólo el Río de la Plata y el actual Delta del Tigre, sino también toda la costa patagónica hasta Tierra del Fuego, incluidas la boca de entrada al Estrecho de Magallanes, sus dos angosturas y la característica conformación de la costa fueguina cercana.[109] El mapa incluye una inscripción en la que Reis se refiere específicamente a los portugueses como exploradores del lugar:

  • Este territorio es una desolación. Todo está en ruinas y se dice que aquí se encuentran grandes víboras. Por esta razón los portugueses infieles no desembarcaron estas costas y también se dice que son muy calientes.

También aparece un archipiélago situado en línea recta desde el Estrecho que, dada su posición y conspicuidad, Arnaud sugiere podría corresponder a las Islas Malvinas. Reis denomina a la isla principal como "il de Sare" ("Isla de Sare").[110]

Otros dos mapas de la época que apoyan los descubrimientos patagónicos de Vespucio son el King-Harry, llamado así por los coleccionistas que lo compraron en el siglo XIX y el planisferio Pesaro que se conserva en la Biblioteca Oliveriana de Pesaro.[8]

Magnaghi coincide en la creencia de que el florentino recorrió las costas aún más al sur del río Camarones, hasta la bahía de San Giuliano, en las inmediaciones del Estrecho de Magallanes:

  • Puede ser que el nombre de San Giuliano, tan familiar a un florentino, fuese dado por Amerigo y que Magallanes lo hubiese conservado.[111]

El nombre comienza a aparecer con el mapa de Antonio Pigafetta de 1522. Otros académicos opinan que el topónimo fue en realidad asignado por el mismo Magallanes.[112]

Según el mismo Vespucio narra en su carta a Lorenzo Pierfrancesco, llegó a los 52 grados de latitud sur, el mayor avance logrado hasta entonces por la navegación europea.

Cuarto viaje (1503-1504)

De la Lettera, la única y dudosa relación del alegado cuarto viaje de Américo Vespucio, el rey Manuel I de Portugal preparó otra expedición bajo las órdenes de Gonzalo Coelho, lo cual disgustó al florentino, pues no compartía los planes de navegación del comandante y lo creía presuntuoso y terco.[113] Financiada probablemente por Fernando de Noronha,[114] la flotilla de seis naves partió el 10 de mayo de 1503 y su principal objetivo era descubrir la ubicación de la isla de Malaca[113]

Según sigue relatando la Lettera, se dirigieron a Sierra Leona, donde pasaron un tiempo explorando en medio de muy malas condiciones climáticas. El 10 de junio de 1503, tocaron tierra en las Islas de Cabo Verde; poco después emprendieron curso hacia la Bahía de todos los Santos. En medio del cruce del Atlántico, se toparon con el pequeño archipiélago de Fernando de Noronha al que Vespucio juzgó una "verdadera maravilla de la naturaleza". Allí la flota se dispersó: en la Lettera el supuesto Vespucio afirma que la nave capitana de Coelho, a quien critica constantemente, se fue a pique. Los registros documentales de la época no hacen ninguna mención o referencia al incidente. Vespucio continuó viaje hacia el Brasil con las dos únicas naves de las que disponía. Navegó la costa del continente hasta las inmediaciones del Río de la Plata y regresó por el misma ruta. Construyó un pequeño fuerte, en el que dejó a veinticuatro marineros junto con alimentos para seis meses, doce bombardas y demás armas, cargó las naves con palo brasil y, obligado por lo escaso de su tripulación y por la falta de aparejos, volvió a Portugal, fondeando en Lisboa el 18 de junio de 1504.

Quinto viaje (1505)

Vespucio habría realizado un quinto viaje con Juan de la Cosa, entre mayo y diciembre de 1505, en el que habrían visitado el Golfo de Darién, remontado unos 320 km del río Atrato y recibido informes de que la zona era abundante en oro, perlas y otras riquezas.

Encontraron muchas casas de las cuales salieron numerosos indios para saludarlos y honrarlos, y dicen que ya antes uno de ellos le había anunciado cómo habrían de venir ciertas naves del lado del Oriente, de un gran rey para ellos desconocido, que habría de tenerlos a todos ellos por siervos, y que esas gentes eran inmortales y llegarían adornadas de trajes muy diversos. Dicen que a la vista de nuestras naves les dijo su rey: «He aquí las naves que hace diez años os había anunciado». El cual rey vino con un pectoral de oro macizo, asegurado al pecho, con una cadena de oro y una máscara de oro, con cuatro cascabeles asegurados a los tobillos.[115]

Si bien los antecedentes epistolares de Vianello lo muestran como una fuente creíble, y los registros oficiales de Venecia y las fechas de emisión y recepción de la carta prueban que es auténtica, existe en los archivos de la Casa de Contratación abundante documentación que demuestra que Vespucio estuvo en Sevilla en septiembre de 1506 y en febrero de 1507.[116] [117] [118] [119]

Por los motivos referidos, la historiografía en general tiende a negar la existencia de este viaje. Si realmente tuvo lugar debió durar a lo sumo tres meses, tiempo apenas suficiente como para hacer una muy breve visita. Arciniegas dice que pudo haber llegado a la costa de las Perlas, en el Caribe.[8]

Sexto viaje (1507/1508?)

La ruta del viaje de 1505 habría sido repetida por De la Cosa y Vespucio dos o tres años más tarde. Al igual que con el viaje anterior, no existe evidencia documental directa de que esto realmente haya sucedido, por lo que suele ser rechazado por la historiografía moderna. La única y muy breve referencia a esta empresa la da el embajador de Venecia en la corte de Castilla, Francesco Corner, en una de sus cartas a su Signoría, escrita desde Burgos el 19 de junio de 1508,[120] en la que expresa que la expedición tendría por fin arribar a tierra firme con el propósito de transbordar oro.

Incluye contenido de licencia CC-BY-SA de el articulo de Wikipedia Américo_Vespucio. (autores)

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